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Recuperado de 2003
EL NOMBRE DE LA BESTIA: ETA

Nacida como una excrecencia del nacionalismo, la banda terrorista no ha sido la organización abanderada contra el franquismo, en contra de uno de los mitos creados por la izquierda. Siempre y en todo momento se ha definido como un grupo armado revolucionario cuya meta era invariablemente la emancipación por la vía de la confrontación armada, la vía insurreccional o la estrategia del diálogo, según los distintos periodos, de Euskal Herría para crear allí un Estado independiente, euskaldún, es decir, donde sólo se hable el euskera, y socialista, al margen de lo que ocurriera en el resto de España. 
ETA no pretende engañar a nadie (en las hemerotecas de la Universidad de Deusto, están todos sus documentos internos (Zutik y Zutabe) para quien quiera consultarlos), ni ocultar en ningún momento su proyecto racista, xenófobo y excluyente, sabe aprovecharse de la cobertura y el apoyo que le prestan las fuerzas democráticas que luchan contra el franquismo para matar, extorsionar, aniquilar enemigos políticos.
Así con el aplauso de una parte de la sociedad que la dejó actuar sin movilizarse en su contra, sin sentir el dedo acusador o el rechazo moral de un amplio sector del clero vasco, con la ayuda encubierta de un sector del PNV que aportó su ayuda económica y en ningún momento dejó desasistido a terrorista alguno, la Bestia sobrevivió a la muerte del guardia civil José Pardines, al Consejo de Guerra de Burgos, e intentó provocar una insurrección popular con el asesinato del almirante Luis Carrero Blanco, dentro de su estrategia de entonces: acción-represión-acción.
A finales de la década de los sesenta y en los setenta, cuando se empieza a preparar el futuro de España ante la inminente muerte del dictador, la banda armada plantea reiteradamente, en varias ocasiones y con diversos interlocutores, a los partidos vascos la creación de un Frente Común en contra de España.
Por oportunismo electoral, por no querer embarcarse en aventuras políticas, y por el temor a que la vía insurreccional que proponen los pistoleros fracase, el PNV opta por presentarse a las elecciones, lo cual no impide que siga manteniendo contactos y conversaciones con los asesinos.
Pero a la Bestia se le ha dado suficiente pienso, tiene detrás un amplio respaldo social que le aporta decenas de madrigueras donde esconderse, y Eusko Gastedi, la "sección juvenil" del PNV, actúa de "nave nodriza", dispuesta a abastecer de pistoleros sus comandos mil veces destruidos y vueltos a reconstruir. ETA da así su gran salto cualitativo. De ser un grupo terrorista al estilo de la banda Baader Meinhof alemana o las Brigadas Rojas italianas, pasa a convertirse en un grupo revolucionario con todo tipo de apoyos políticos, sindicales, culturales e institucionales. Ya no hay quien la pare.
Es el ejercito del PNV en la sombra, con el que mantiene permanentes vasos comunicantes, aunque se está formalmente en desacuerdo con los métodos, pero nunca jamás con los fines. Así se lo dice Javier Arzalluz al presidente del Gobierno Leopoldo Calvo-Sotelo, y lo repite años más tarde, Carlos Garaikoetxea a José María Aznar en el palacio de la Moncloa tras el Pacto de Lizarra.

La orden más cruel, despiadada e inhumana que grupo terrorista haya dado nunca: "Hay que poner toda la fuerza posible en levantar a un concejal del PP, dando un ultimátum de días para que los presos estén en Euskadi. En relación a este tema (secuestro), hacerlo lo antes posible, y si no podéis secuestrarlo o hay un problema en el intento, le dais kostu y a por otro. De todas formas, intentar levantar a uno" (Diligencias número 122/97 de fecha 24 de septiembre de 1997, instruidas por la Guardia Civil de Vizcaya).
Estas instrucciones, transmitidas por los jefes de la banda armada a los comandos en febrero de 1997, iban a cambiar la reciente historia del País Vasco. El 10 de junio, el comando "Vizcaya" secuestra a Miguel Ángel Blanco, concejal de Ermua, y lo mata dos días después.
El PNV que ve peligrar su granero de votos por el levantamiento popular que provocó el asesinato, decide echarse en manos de los enemigos de la libertad y estampar su firma al pie de un pacto "entre nacionalistas" que plantea la construcción de un Estado vasco independiente y la expulsión de los representantes de los partidos políticos constitucionalistas.
En las elecciones autonómicas del 13 de mayo de 2001, con apenas 24.069 votos de diferencia, la coalición PNV-EA, ganadora de los comicios, carece del respaldo popular suficiente para iniciar la secesión del País Vasco de España y poner rumbo a los Balcanes. Pero lejos de perder las ilusiones, tras sacar el Pacto de Estella de Udalbiltza y llevarlo a las instituciones emanadas del Estatuto –Gobierno y Parlamento vasco- , el 27 de septiembre de 2002 el lehendakari Juan José Ibarretxe se encamina por la senda del abismo al proponer la creación de un Estado libre asociado. NACIONALISMOS. 8. El alimento de la Bestia NACIONALISMOS. Índice
Paz Digital, 2003
Paz Digital, 28-06-2006. Recuperado.
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