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Por el bien de Europa, debemos votar no / For Europe's sake, we must vote no
06-06-2004
DonaldRumsfeld [Selección y Traducción por el nick citado]
Por el bien de Europa, debemos votar no (30/04/2004)
The Telegraph Londres
En los últimos diez días, la política ha vuelto a la vida cotidiana. La decisión de Tony Blair de convocar un referéndum sobre la constitución europea ha galvanizado no sólo el Palacio de Westminster, sino también al resto de Europa. Mañana, diez nuevos miembros extenderán las fronteras de la Unión Europea desde el Mediterráneo hasta el Báltico, alterando dramáticamente el equilibrio de poderes. En ese justo momento, en Bruselas, París y Berlín, las elites políticas que han dominado Europa durante medio siglo, se quedaron atónitas por los acontecimientos de este lado del Canal. Los ciudadanos británicos tienen un firme propósito de emitir su veredicto, quizás alterando el rumbo de la historia europea. Por lo menos, tenemos una verdadera oportunidad.
Este periódico nunca ha ocultado su escepticismo sobre la utilidad práctica y conveniencia de una constitución europea. Aún así, The Daily Telegraph, como sus lectores, está abierto a todos los temas europeos, incluido éste. Según el sondeo de opinión que publicamos hoy, al menos la mitad del electorado es receloso u hostil hacia la constitución, pero la gran mayoría reconoce que sabe demasiado poco, lo que es un riesgo, y le gustaría saber más. Este amplio y lejano documento, redactado por una convención de eurocratas es aún terra incognita para el 90 % de los británicos. Este hecho hace que el punto de vista de Tony Blair sea que la constitución debe ser analizada en profundidad en el Parlamento antes de ser sometida a referéndum. Si a nuestros representantes electos no se les puede dejar solos en un momento tan decisivo, al menos, se deben ganar el sueldo orientando al votante perplejo.
La labor de la prensa, por lo tanto, es en primer lugar informar al ciudadano y eso es lo que hemos tratado de hacer la semana pasada. Hemos publicado un detallado análisis de nuestros especialistas sobre la constitución en sí y sobre las posibles consecuencias para la gente normal, si ésta se ratifica. Hemos examinado en particular el modo en que el Tribunal Europeo de Justicia pudiera interpretar la constitución, ampliando las competencias de la ley europea a muchas nuevos campos políticos, económicos, sociales y culturales de la vida. También le hemos dado la palabra a algunos articulistas representativos de cada una de las posiciones en el debate para permitir que muchos lectores indecisos se formen una opinión.
Ahora es tiempo de redactor algunas conclusiones. ¿Qué dice y qué es lo que significa exactamente la constitución?
• Soberanía: La "Constitución de Europa" se establece por tratado, lo que permite decir a sus defensores que no es una constitución realmente y, por lo tanto, no se puede crear un superestado. Cierto, hay un artículo por el que un estado se puede salir (Articulo 59). Sin embargo, lo que parece fundar la constitución se parece a un estado federal: tendría su ejecutivo, legislativo, judicial, policía, funcionarios, moneda, banco central, impuestos, ejército, ministro de asuntos exteriores, embajadas y bandera. Sobretodo, la UE tendría personalidad jurídica. Ya no sería la suma de sus partes, sino que podría actuar por sí. El veto es reemplazado por la mayoría en la mayor parte de las áreas restantes de las políticas acordadas en tratados previos
• Política exterior y de defensa: El texto habla de una política común exterior y de seguridad, la cual han de apoyar los estados miembros bajo presión "activamente y sin reservas en un espíritu de lealtad y mutua solidaridad". Ésta política será diseñada por la mayoría y será complementada con nuevas burocracias, dirigida por el nuevo ministro de exteriores que tiene la función de llevar a los estados reticentes a apoyar la línea marcada. A estos se les advierte de que deben "abstenerse de cualquier acción que sea contraria a los intereses de la Unión"
• Economía e impuestos: Virtualmente, todas las políticas económicas, monetarias, de empleo y sociales son "coordinadas" por la constitución, dejando sólo la política fiscal a los estados miembros. Incluso aquí, los impuestos indirectos deben de ser armonizados, poniendo las exenciones británicas del IVA en riesgo, mientras que el Artículo III-70 ("Los estados miembros deberán dirigir sus políticas económicas para contribuir al logro de los objetivos de la Unión") es un caballo de Troya.
• Leyes y asuntos internos: La constitución incorpora la Declaración de Derechos Humanos lo que tiene incalculables implicaciones para el sistema legal británico. Esto abarca toda el área de la legislación criminal y civil, llamando a la aproximación de leyes y procedimientos. Políticas comunes de inmigración y asilo deberán obtener la aprobación del Tribunal Europeo.
Este resumen no pretende dejar de lado las implicaciones que tendría una revolución constitucional. Muchas de las tradiciones británicas que son únicas y otras que son propias de otros estados miembros, serían barridas incluso si "las líneas rojas" de los gobiernos no se pudiesen traspasar. Esta pérdida de soberanía pudiera ser un precio que mereciera la pena pagar si, como dice Tony Blair, esta constitución fuese para codificar los derechos de los estados miembros de igual a igual y para restringir sus poderes adecuadamente.
Desafortunadamente, esto es lo que no hace la constitución. Por el contrario, permite que los poderes de la Unión se amplíen indefinidamente. En el Artículo 10, se dice que la constitución y las leyes de la Unión "tendrán primacía sobre las leyes de los estados miembros". Este principio, aunque ya está establecido para el comercio, es nuevo para campos como asuntos exteriores, defensa, justicia criminal, transportes, medioambiente, energía, salud, educación y cultura. Sus efectos han sido descritos por un profesor de Oxford como "nucleares".
Hay más. Tony Blair insiste en que la constitución es "es un gran avance de la subsidiaridad", porque reconoce a los parlamentos el derecho a objetar propuestas legislativas de la Comisión. Bajo el Protocolo de Aplicación de los Principios de Subsidaridad y Proporcionalidad, si un tercio de los estados miembros objetan una propuesta, la Comisión "revisará su propuesta". Pero ¿qué pasa entonces? "Después de la revisión, la Comisión puede decidir si mantiene, enmienda o retira su propuesta". Así, la Comisión no necesita notificarlo a los parlamentos después de todo.
La constitución no pone límites a la capacidad de la Unión de ampliar sus poderes mediante el voto de la mayoría. Lejos de fijar los derechos de los estados miembros en un marco legal, es un salto cuantitativo hacia la succión de los estados miembros en una federación.
Psicológicamente, el argumento más poderoso que dan los partidarios de la constitución es uno bastante conocido: si Inglaterra no firma la constitución, será excluida o, al menos, marginada. El padrino de la constitución, Giscard d´Estaing, repitió esto ayer. Pero no es más que un farol. No es cierto que Inglaterra pudiera ser forzada a abandonar la Unión si vota no. Pero su recurso al chantage sube de volumen. Cuanto más amplia es la Unión más necesita ser controlada. Esta constitución crea una tiranía que pone en peligro todo lo que se ha creado desde 1945. Debemos rechazarla no solo por el bien de Gran Bretaña, sino por el bien de Europa. [Telegraph]
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For Europe's sake, we must vote no (Filed: 30/04/2004)
In the past 10 days, politics has come to life. Tony Blair's decision to hold a referendum on the European constitution has galvanised not only Westminster, but also the rest of Europe. Tomorrow, 10 new countries will extend the boundaries of the European Union from the Mediterranean to the Baltic, dramatically altering the balance of power. At this very moment, in Brussels, Paris and Berlin the political elites that have dominated Europe for half a century are transfixed by events on this side of the Channel. The British people has a firm prospect of delivering its verdict, thereby perhaps altering the course of European history. At last we have a real choice.
This newspaper has never concealed its scepticism about the practical utility and desirability of a European constitution. Yet The Daily Telegraph, like its readers, is also open-minded about all European issues, including this one. The YouGov opinion poll we publish today suggests that at least half the electorate are suspicious or hostile to the constitution, but that the great majority feel that they know too little about what is at stake, and would like to know more. This vast and arcane document, drawn up by a convention of Eurocrats, is still terra incognita for nine out of 10 Britons. That fact vindicates Mr Blair's view that the constitution should be fully scrutinised in Parliament before it is put to a referendum. If our elected representatives cannot be entrusted with such a momentous decision, they ought at least to earn their keep by guiding the perplexed voter.
The task of the press, therefore, is in the first instance to inform the public, and this we have tried to do over the past week. We have published detailed analysis by our own specialists of the constitution itself, and of the likely consequences for ordinary people if it is ratified. We have examined, in particular, the ways in which the European Court of Justice can be expected to interpret the constitution, extending the competence of European law into many new spheres of political, economic, social and cultural life. We have also given a platform to some of the most articulate spokesmen on both sides of the debate, to enable the many readers who are "don't knows" to make up their own minds.
Now it is time to draw some conclusions. What does the constitution say, and what would it really mean?
• Sovereignty: This "Constitution for Europe" is established by treaty, which has allowed its advocates to claim that it is not a constitution at all, hence cannot create a superstate. True, there is an exit clause (Article 59). However, the EU as envisaged here resembles a federal state: it would have its own executive, legislature, judiciary, police, civil service, currency, central bank, taxes, army, foreign minister, embassies and flag. Above all, the EU would have its own legal personality. It would no longer be merely the sum of its parts, but could act in its own right. Our veto is replaced by majority voting in most of the remaining areas of policy left by previous treaties.
• Foreign and Defence Policy: The text speaks of a common foreign and security policy, which member states would be under pressure to support "actively and unreservedly in a spirit of loyalty and mutual solidarity". This policy is to be determined by majority voting and implemented by new bureaucracies, led by the new foreign minister, who has the job of bringing refractory member states into line. They are warned to "refrain from any action which is contrary to the interests of the Union".
• Economy and Taxation: Virtually all economic, monetary, employment and social policies are "co-ordinated" under the constitution, leaving only fiscal policy to the member states. Even here, indirect taxation is to be harmonised, putting British VAT exemptions at risk, while Article III-70 ("Member states shall conduct their economic policies in order to contribute to the achievement of the Union's objectives." ) is a Trojan horse.
• Law and Home Affairs: The constitution incorporates the Charter of Fundamental Rights, with incalculable implications for the British legal system. It also embraces the whole area of criminal and civil justice, calling for the "approximation" of laws and procedures. Common policies on immigration and asylum will be backed up by decisions of the European courts.
This summary does not begin to exhaust the implications of what would amount to a constitutional revolution. Many of Britain's unique traditions, and those of other member states, would be swept aside even if the Government's "red lines" remain inviolable. This demonstrable loss of sovereignty might be a price worth paying if, as Mr Blair claims, this constitution were to codify the rights of member states vis-à-vis the Union and properly restrict its powers.
Unfortunately, that is not what the constitution does. Instead, it provides for the indefinite extension of Union powers. In Article 10, it states that the constitution and EU law "shall have primacy over the law of the member states". This principle, though already established in commerce, is new to fields such as foreign affairs, defence, criminal justice, transport, the environment, energy, health, education and culture. Its effect has been described by an Oxford professor as "nuclear".
There is more. Mr Blair insists that the constitution is "a big advance in subsidiarity" because it allows parliaments the right to object to the Commission's legislative proposals. Under the Protocol on the Application of the Principles of Subsidiarity and Proportionality, if one third of the member states object to a proposal, the Commission "shall review its proposal". But what happens then? "After such a review, the Commission may decide to maintain, amend or withdraw its proposal." So it need take no notice of the parliaments after all.
This constitution places no limits on the ability of the EU to extend its powers by majority voting. Far from anchoring the rights of member states in a legal framework, it is a quantum leap towards the subsuming of those states into a federation.
Psychologically, the most powerful argument deployed by the advocates of the constitution is a familiar one: if Britain doesn't sign up to it, we shall be excluded or at least marginalised. The godfather of the constitution, Giscard d'Estaing, repeated it yesterday. His bluff should be called. It is untrue that Britain would be forced out if it voted No. But this resort to blackmail speaks volumes. The larger the EU becomes, the looser it needs to be. This constitution creates a tyranny that would imperil all that has been achieved since 1945. We should reject it: not just for the sake of Britain, but for the sake of Europe.
[www.telegraph.co.uk] (Filed: 30/04/2004)
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Paz Digital, 06-06-2004. Recuperado.
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