Ibarreche, Presidente del gobierno autonómico vasco, ha declarado que:
"...ni Zapatero ni Rajoy se sentarán a negociar con las instituciones vascas si no les obligamos a ello desde la sociedad vasca".
Observemos la doble vara de medir de Ibarreche: por un lado, dos personas. Por el otro, las instituciones vascas. No son homólogos, no son entes equivalentes y por lo tanto no podrían sentarse a negociar.
Si Ibarreche quería hablar de instituciones, tenía que haber nombrado a ZP, no a Rajoy, que ahora no es representante de ningun institución oficial. Pero en vez de Zapatero, tendría que haber dicho "el gobierno español", que es la institución que le da poder a ZP para hablar de algo.
Pero eso tendría la desventaja de que entonces quedaría clara una cosa: las instituciones vascas actuales forman parte del Estado Español, nacen de la Constitución de 1978 y el gobierno de la nación es superior a cualquier institución vasca, pues tiene atribuciones de las que carecen esas instituciones autonómicas. Puesto así claramente negro sobre blanco, se ve la aberración política que pretende Ibarreche, y queda desacreditado.
En cambio, si Ibarreche quería hablar de las personas, tendría que haber dicho:
"ni Zapatero ni Rajoy se sentarán a negociar conmigo si no les obligamos a ello desde la sociedad vasca".
La característica común de Zapatero y Rajoy es la de ser líderes de su partido; si no, como ya he dicho, nada podría pintar Rajoy en esa "negociación".
Pero entonces, para "negociar" en igualdad, Ibarreche debería presentarse como líder de su partido, no como voz de las instituciones.
En ese caso quedaría clara la apropiación semánticamente fraudulenta que Ibarreche hace de las instituciones vascas, intentando confundir las instituciones con su partido. También los de Hitler decían que su partido era el pueblo, y era la patria, y era todo. Fuera sólo existían la muerte o el campo de concentración, pero no más instituciones.
No es cierto que las instituciones vascas sean Ibarreche, no es cierto que las instituciones vascas sean el partido de Ibarreche, y ni siquiera es cierto que las instituciones vascas sean nacionalistas. Dos ejemplos: no son acólitos de este proyecto de Führer ni la Diputación de Álava ni la Junta Electoral Vasca. Y ambas son instituciones vascas.
La perversión del lenguaje, la identificación del partido de uno con los habitantes o las instituciones, la personalización de otras instituciones para que la gente no caiga en la cuenta de que esas otras personas representan otras instituciones legales, son prácticas habituales de los proyectos totalitarios y en general de las malas personas. Mientras más hablan, mejor los conocemos.
Paz Digital, 07-03-2005
Paz Digital, 15-10-2006. Recuperado.