"En las primeras horas de la mañana de hoy y con sujeción a las formalidades de la ley común penal ha sido ejecutada la sentencia de pena capital dictada contra los terroristas Francisco Granados Gata y Joaquín Delgado Martínez, ejecutores de los graves atentados perpetrados en la Dirección General de Seguridad -donde resultaron heridas 31 personas, tres de ellas gravemente- y en la Delegación Nacional de Sindicatos de Madrid donde, afortunadamente, no se produjo ninguna víctima (sic). Como se recordará, en el momento de ser detenidos se les ocuparon gran cantidad de explosivos, armas de guerra y aparatos de recepción y transmisión para provocar grandes explosiones a distancias. Los terroristas han sido juzgados por la jurisdición militar a la que corresponden los delitos de terrorismo. Las sesiones del proceso fueron públicas y los acusados gozaron de todos los derechos de defensa". [Radio Nacional - 17 de agosto de 1963].
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El Mundo (papel), 1 de diciembre de 1996. IÑAKI GIL. París
Granados y Delgado, la historia de un crimen "legal"
El testimonio de María Delgado aparece en un documental que la cadena de televisión Arte difundirá en Francia dentro de tres días en su espacio Miércoles de la Historia. Sus palabras son las más emocionantes. Pero no las más importantes. Porque, por primera vez, los verdaderos autores de aquellos atentados, otros anarquistas llamados Sergio Hernández y Antonio Martín, se confiesan ante la cámara.
Granados y Delgado eran inocentes (sic) y fueron condenados. El documental, realizado por los catalanes Xavier Montanyà y Lala Gomá, reconstruye minuciosamente la trágica historia. Incluye también declaraciones de los verdugos, grabadas años después por Daniel Sueiro para el libro "Los verdugos españoles".
Entre los testimonios está el de Jesús Valenciano Almoyna, redactor de la sentencia y hoy general del Cuerpo Jurídico del Ejército. El militar no se opone a una revisión judicial del caso, pero afirma: "yo no recuerdo haber impuesto una sentencia injusta, créame. Tengo la conciencia tranquila".
Granados nació en Valencia del Ventoso (Badajoz). Casado y con tres hijos, llegó a Francia en el 60. Como tantos otros, buscaba trabajo. Se empleó como herrero. Enseguida entró en contacto con las Juventudes Libertarias. A esta organización llegaba entonces una nueva generación de militantes. Unos eran hijos de exiliados que residían en Francia desde el final de la Guerra Civil y otros, emigrantes que se politizaban.
En 1961 las organizaciones anarquistas deciden crear un grupo clandestino para cometer atentados en España. Adoptará el nombre de Defensa Interior (DI) y la mayoría de acciones correrá a cargo de miembros de las Juventudes Libertarias. Octavio Alverola recuerda hoy los objetivos de entonces: obligar a la prensa a hablar de la oposición, y atentar contra Franco.
Vicente Martí fue quien introdujo a Granados en el grupo: "Estaba obsesionado con hacer algo contra Franco antes de morir, porque los médicos le habían dado dos años de vida por leucemia. Franco era para él una aberración de la historia. Le tenía un odio cerval al franquismo. "Con o sin vosotros, iré", me dijo. Llegamos a la conclusión de que era el personaje ideal. No tenía antecedentes penales".
Atentado a Franco
Alverola y el propio Granados habían estudiado el terreno para atentar contra Franco en Madrid. Sabiendo que, con motivo de la presentación de cartas credenciales de nuevos embajadores, el dictador realizaba siempre el mismo trayecto desde el Pardo hasta el Palacio de Oriente, escogieron el Puente de los Franceses como lugar de la acción.
Estamos en mayo del 63; es el momento de pasar a la acción. Vicente Martí "prepara" en un garaje de Aviñón el coche que Granados va a llevar a Madrid. Una pistola, un aparato de radio y explosivos son camuflados en su interior. Granados entra en España el 14 de mayo por La Junquera y al día siguiente está en Madrid. Poco después recibe un telegrama de Aviñón: "Llega tu primo". Quien va a llegar en realidad es su contacto, con la maleta de explosivos para el atentado. Tras varias citas, Granados se hace cargo del material en la Plaza de Castilla y lo esconde en una cerrajería de un amigo. La primera parte de su misión ha terminado con éxito. Ahora debe esperar instrucciones de Francia.
Ocurre que Franco no va a recibir a ningún nuevo embajador. Primer fallo. Los anarquistas del exilio debaten qué hacer. Un grupo dice que tiene una acción "segura" para atentar contra Franco cuando salga de vacaciones, pero que no disponen de "material".
Los años han pasado pero aún sigue la polémica. Los realizadores del documental han hablado también con Jacinto (Ángel) Guerrero Lucas [volveremos sobre él], un personaje que hace mes y medio afirmaba en Diario 16: "Yo negocié con ETA en nombre del PSOE". El periódico lo presentaba como "superespía". Fuera quien fuera quien diera la orden, el caso es que Robert Ariño es enviado a Madrid y (para) entrar en contacto con Granados para que éste le entregue el "material" y preparar el atentado. Ariño sale de París el 20 de agosto (sic) y se hospeda en una pensión de la calle Echegaray. La cita está fijada junto a la estatua de Goya enfrente del Museo del Prado, y la señal, llevar Le Monde bajo el brazo, un detalle que parece, cuando menos, imprudente.
Durante cuatro días, Ariño acude a la cita. Guerrero declarará a la policía franquista que él también estuvo allí a las horas convenidas. Pero ambos no se conocen y nunca se encontrarán. Ariño envía dos mensajes a dos personas diferentes dando cuenta de su fracaso y pidiendo que avisen a Guerrero. Segundo fallo.
En Francia deciden enviar un tercer hombre para poner en relación a los otros dos. Será Joaquín Delgado, alias "el Catalán", nacido en Carmona. Había llegado a Sète, un puerto del sur de Francia a comienzos de los 50. Allí vivía su padre, un militante de la CNT que había combatido en la columna Durruti. Delgado llegará años después a ser secretario en Grenoble de las Juventudes Libertarias. "Un hombre decidido, un luchador impecable", le recuerdan hoy los que le conocieron entonces.
En París, Delgado recibe instrucciones: Franco ya se ha ido de vacaciones, luego no habrá atentado; hay que hacer regresar a Francia a los dos militantes perdidos en Madrid.
El sábado 27 de julio (sic), Delgado encuentra a Ariño y éste vuelve a París de inmediato. El lunes 29 acude a la cerrajería donde se esconden los explosivos y el dueño le lleva a la pensión de Granados. Le comunica que tiene que esconder los explosivos y regresar a Francia. Granados le pide ayuda y él acepta. Pero el coche está averiado. Tercer fallo.
Hacen tiempo. Preguntan por los horarios de trenes para Francia. Granados compra unos zapatos y un traje de baño para su hijo. Hace calor. Se toman unas cervezas y se van a la piscina.
El fallo más grande y definitivo no lo tuvieron ellos. Mientras se preparaba el atentado chapucero contra Franco, otros dos miembros de las Juventudes Libertarias han sido enviados a Madrid por cuenta de DI para cometer otros atentados. Ese segundo comando lo componían
Antonio Martín y Sergio Hernández. Primera acción en la DGS, hoy sede del gobierno de la Comunidad de Madrid. Uno espera en la calle del Carmen y el otro pone la bomba en la oficina de pasaportes. Un fallo en el mecanismo de relojería hace que la bomba explote a las 17:45. Hay heridos.
Granados y Delgado recogen el coche pero enseguida se vuelve a parar. La junta de la culata está hecha polvo. Hay que cambiarla. Y dejar el coche más tiempo. Además, no tienen dinero para una avería tan cara. Así que ponen un telegrama a Aviñón pidiendo dinero. Mientras, el otro comando pone otra bomba en la fachada del edificio de Sindicatos, hoy ministerio de Sanidad. Estalla a medianoche.
Cumplida su misión, Martín se esconde en Madrid y Hernández regresa a Francia en coche. Estamos ya a 31 de julio. La Policía detiene a Delgado y Granados junto a la Plaza de Oriente, cuando piropeaban a unas turistas, según la versión oficial.
¿Soplo? ¿Casualidad? ¿Chivatazo de la policía francesa? Los policías que los detuvieron no han querido hablar. Pero el hoy general Eduardo Blanco, entonces jefe de los servicios de información de la Policía, afirma que no fue casual. Para Felipe Martín, correligionario entonces de Delgado y Jacinto Guerrero "el Peque", sólo dos personas tienen la respuesta a todos los interrogantes: el general Blanco y el propio Peque.
Lo cierto es que el Régimen necesita culpables. Delgado y Granados son torturados... Van a pagar por los atentados que Hernández y Edo reconocen ahora por primera vez haber cometido. ¿Por qué no lo hicieron entonces?
Sergio Hernández se enteró de la detención de Delgado y Granados y acude a uno de los dirigentes anarquistas, Luis Andrés Edo: "De acuerdo con Sergio, propuse que convocáramos una rueda de prensa internacional en París en la que el propio Sergio explicaría con detalle cómo él había realizado los atentados, y no Delgado y Granados". La dirección de la DI discute esta propuesta pero concluye que será inútil, que los iban a matar de cualquier manera. Todo queda en un comunicado, que publica la prensa internacional. [Las negritas son nuestras]
Paz Digital, 20-11-2006
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