Todo comienza con la fundación de las dinastías de banqueros en Europa, en especial las dinastías Rothschild, Baring, Warburg, Lazard, Selignam, Schroder, Speyer, Morgan, etc. También forma parte de la historia del cártel de banqueros la creación del Banco de Inglaterra, que necesitaba canalizar las ganancias logradas por la Revolución Industrial y su incipiente Imperio Colonial, hacia actividades que consolidaran el Imperio y la dominación de mercados a escala mundial. El Banco de Inglaterra se creó para financiar las guerras coloniales de conquista de territorios, y más tarde para las guerras entre estados europeos, como las Napoleónicas, la Franco Prusiana de 1870, la Primera y Segunda Guerra Mundial.
Los banqueros, reunidos en cártel financiero, decidían a quiénes apoyar con sus préstamos y a quiénes hundir negándoles su ayuda. Se recuerda que la viuda de Meyer Amschel Rothschild, el fundador de la dinastía Rothschild, escribió en 1847: "No se preocupe usted; no habrá guerra en Europa. Mis hijos no proveerán el dinero para ello."
El historiador y analista W. Cleon Skousen describe en su libro "El Capitalista Desnudo" [2] el desarrollo de las dinastías financieras de J. P. Morgan y los Rockefeller en los Estados Unidos y la manera en que consiguen crear el sistema de la Reserva Federal de los EE.UU., y usarlo en su propio beneficio. Se pregunta el autor "¿Quién controla la Reserva Federal? ¿Cuáles son las metas de la Reserva Federal y de los demás bancos centrales? ¿Cuáles son las metas de las familias de banqueros internacionales que controlan a los bancos centrales?" Inquietantes preguntas, por cierto, pero mucho más lo son las respuestas. En cuanto a "quién controla a la Reserva Federal", Skousen prefiere explicar primero quién no la controla: el gobierno de los EE.UU., y lo explica:
"Según lo hemos señalado antes, en Inglaterra las dinastías de las 'familias de banqueros' establecieron su control monopólico sobre las finanzas cuando fundaron al Banco de Inglaterra como una institución privada con la apariencia de una institución gubernamental oficial. Se habían creado centros de control financiero similares en Francia, Alemania, Italia y Suiza."
Más tarde nos explica que el sistema de la Reserva Federal está compuesto de doce "Bancos Nacionales" aunque el único que tiene alguna importancia es el de la ciudad de Nueva York. Según Skousen, "este banco fue siempre administrado por alguien que congeniara con por entero con los intereses de los bancos internacionales". Se refiere al primer presidente de la Reserva Federal de Nueva York, Benjamín Strong, diciendo:
"Strong debía su carrera a los favores del Banco Morgan… en 1914 fue designado presidente del banco Reserva Federal de Nueva York, nombrado conjuntamente por Morgan y por Kuhn, Loeb y Compañía. Dos años más tarde Strong conoció a Montagu Norman y en esa ocasión acordaron inmediatamente colaborar bajo prácticas financieras que ambos reverenciaban." [3]
Montagu Norman era entonces el presidente del Banco de Inglaterra, y el mentor de J.P. Morgan, quien le reverenciaba por haber sido el promotor de su carrera como banquero. Pero lo inquietante eran las "prácticas financieras reverenciadas" por la Reserva Federal y los demás Bancos Centrales. Los banqueros internacionales querían usar el poder financiero de Estados Unidos e Inglaterra para forzar a todos los otros países importantes a operar "a través de Bancos Centrales libres de todo control político, con capacidad para resolver todas las cuestiones financieras internacionales mediante mutuos convenios, sin interferencia alguna por parte de los gobiernos" [4]. Quigley describe las metas de más alto nivel de las dinastías de banqueros de la siguiente forma:
"… nada menos que crear un sistema mundial de control financiero en manos privadas capaz de dominar al SISTEMA POLÍTICO de cada país y la ECONOMÍA DEL MUNDO, entendido como un todo. Este sistema debía controlarse a la manera feudal, con los Bancos Centrales del mundo actuando en forma concertada mediante convenios secretos fijados a partir de reuniones y conferencias frecuentes y privadas.
El eje del sistema sería el Banco de Pagos Internacionales (BIS) con sede en Basilea, Suiza, conformado por un banco privado propiedad de los Bancos Centrales del mundo y controlado por ellos, los que a su vez constituían sociedades privadas.
En manos de hombres del calibre de Montagu Norman del Banco de Inglaterra, Benjamín Strong de la Reserva Federal de Nueva york, Charles Rist del Banco de Francia, y Hjalmar Schacht del Reichsbank, cada banco central buscaba dominar a su gobierno mediante su habilidad de controlar los préstamos al Tesoro, manipular divisas, influir en el nivel de la actividad económica del país y actuar sobre los políticos dispuestos a colaborar por medio de recompensas en el mundo de los negocios". [5]
También se pregunta Skousen sobre las metas propias de las familias dinásticas de banqueros que han conformado el poderoso cártel de banqueros mundial que se ha adueñado de la economía del planeta. Nos asegura Skousen algo que eriza los cabellos de la nuca a cualquiera que creía vivir en un mundo donde "el pueblo elige sus representantes y es soberano en sus decisiones":
"Existe un creciente volumen de pruebas que corroboran que los altos centros de poder político y económico han estado forzando a toda la raza humana hacia una sociedad global, socialista, de orientación dictatorial. Lo más incomprensible es el hecho de que este desplazamiento hacia la dictadura, con su inevitable destrucción de mil años de luchas para lograr la libertad humana, está siendo tramada, promovida e implementada por los líderes y los superricos de las naciones libres, cuyas posiciones de influencia los hacen aparecer como los principales beneficiarios de una sociedad de libre empresa, orientada hacia la propiedad, una sociedad abierta en la que se ha logrado tanto progreso. Sobre todo, ellos deberían saber que, para que este sistema sobreviva, deben preservarse la libertad de acción y la integridad del derecho de propiedad. ¿Por qué, entonces, los supercapitalistas intentan destruir estos derechos?"
El Dr. Quigley, como iniciado y colaborador del G-300, da una respuesta tan asombrosa que parece, a primera vista, virtualmente inconcebible. La lógica se hace evidente después que se reúnen y se integran todas las referencias dispersas que existen sobre el tema, es decir, cuando se comienza a distinguir la imagen siniestra que muestra el rompecabezas a medio armar: Que "la jerarquía mundial de la dinastía de banqueros y los superricos tiene como meta apoderarse de todo el planeta, y que lo haría mediante una legislación socialista si viene al caso, pero sin rehuir tampoco recurrir a una revolución comunista si fuera necesario."
El Sr. Skousen dedica una gran porción de su libro describiendo la manera precisa en que las elites bancarias y financieras prepararon el terreno, y llevaron al poder y luego consolidaron a Lenin y Stalin en Rusia, a Hitler en Alemania, y a Mao Tse Tung en China.
¿Qué podemos esperar de estas personas que llevaron al poder a los tres más sanguinarios tiranos del Siglo XX y los hicieron confrontar entre ellos para beneficio de sus negocios y su poder universal? Hay que reconocer la razón que tenía Victor Hugo cuando exclamaba en el Siglo XIX: "¡Pobre gente! Creen que mueren por la Patria, cuando en realidad mueren por unos pocos industriales." Que conforman parte del G-300, por supuesto.
Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC
Fundación Argentina de Ecología Científica
[2] W. Cleon Skousen, "The Naked Capitalist", 1970, edición del autor.
[3] Carroll Quigley, 1966, "Tragedy and Hope", Macmillan, NY. pág. 236
[4] Carroll Quigley, op. cit. pág. 326
[5] Carroll Quigley, op. cit. pág. 324
Paz Digital, 27-11-2006