El gran fraude del avión olfateador de petróleo
Traducción de DonaldRumsfeld
Paz Digital, 21-01-2007. En 1979 Elf-Aquitaine, la gran compañía petrolera francesa, financió el desarrollo de un sistema para la detección de pozos de petróleo basado en la detección de ondas gravitatorias desde el aire.
Después de haber gastado millones, se descubrió que era un fraude. Elf perdió unos $150 millones en lo que ahora se conoce como el gran fraude del olfateador de petróleo. Un falso conde belga se dirigió a Elf, a la que presentó a un falso inventor italiano, Bonassoli. Bonassoli dijo que se dedicaba a instalar televisiones en su “trabajo diario” cuando tuvo la idea de desarrollar un detector de ondas gravitatorias. Después de haber realizado algunas pruebas, construyó un prototipo en bruto, pero que funcionaba, y se asoció con el Conde para encontrar un socio financiero. Entonces, en la forma clásica del fraude, dijeron que el dispositivo podría detectar realmente cualquier masa, submarinos debajo del agua, por ejemplo, pero habían decidido dirigirse a las compañías petroleras porque allí es donde estaba el dinero. Esto permitió que los empleados de Elf creyeran la historia más fácilmente; después de todo, la pareja confesaba que estaban en el asunto por dinero.
Las ondas gravitatorias existen o por lo menos hay buenas razones para sospechar que existen. Eran un “asunto caliente” en los años 70 y algunas de las primeras tentativas serias para detectarlas acababan de comenzar.
Al contrario que los postulados de Bonassoli, sin embargo, las ondas gravitatorias son generadas por masas en movimiento y serían totalmente inútiles para detectar una masa de petróleo en reposo. Por otra parte la gravedad es una fuerza débil y el tamaño de las masas en movimiento es también importante: las tentativas actuales para detectar las ondas se basan en acontecimientos astronómicos enormes tales como los de las supernovas o en la colisión de dos estrellas de neutrones para crear ondas con la suficiente fuerza para ser detectadas.
Pero, según lo esperado, los directivos de Elf eran hombres de negocios y fueron convencidos totalmente por el sorprendente científico Bonassoli. Dijo que estaba preparado para hacer una demostración a Elf, pero solamente si no había científicos presentes, pues podrían robarle la idea.
En la demostración, se instaló el dispositivo, no mucho más grande que una fotocopiadora, en un avión de transporte ocultado detrás de unas cortinas y volaron sobre yacimientos petrolíferos conocidos. El dispositivo destelló luces, dibujó líneas en una TV conectada al mismo e imprimió folios de papel con gráficos. Esto convenció totalmente a los observadores de Elf.
Pronto firmaron un contrato $80 millones para desarrollar el prototipo, con cláusulas que decían que Elf tendría la exclusividad de la máquina y garantizaban a Bonassoli que nadie examinaría la máquina. La máquina falló al ser probada de una manera continuada, pero Bonassoli mantuvo que todavía necesitaba ser perfeccionada y requería un desarrollo adicional. Elf respondió con un segundo contrato, este vez de $133 millones. Elf empezó a sospechar y alguien examinó la máquina. Lo que estaba dentro en una habitación no parecía una fotocopiadora, sino que realmente era una fotocopiadora. En otra, unido a la TV, lo que había era un simple generador de señales que creó las líneas del monitor de TV en la demostración. Bonassoli procuró defenderse diciendo que el secreto del dispositivo era un componente clave que estaba en una caja que se negó a abrir.
Entonces hicieron que Jules Horowitz, jefe de Investigación y Desarrollo de la Agencia de la Energía Atómica de Francia, visitara el laboratorio y examinara el dispositivo. En vez de examinar el dispositivo, comenzó a hacer preguntas a Bonassoli acerca de las capacidades de la máquina, llevándolo a concretar capacidades hasta que Bonassoli complacido convino que podría detectar fácilmente una regla de metal detrás de una pared. Horowitz, fingiendo jugar simplemente con lo que parecía una simple prueba, hizo algo que había planeado para este momento y caminó hacia detrás de la pared con la regla en su mano. Bonassoli conectó el dispositivo e imprimió un folio con una línea corta en él. Horowitz giró la esquina con la regla en la mano que había doblado formando una escuadra mientras que estaba oculto detrás de la pared. Sorprendentemente Bonassoli se las arregló para huir a Italia, en donde se convirtió en una especie de héroe popular. Elf nunca acabó de pagar el contrato final, pero había pagado más de $150 millones en total. (wikipedia.org)
Traducción de DonaldRumsfeld
Paz Digital, 21-01-2007