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Recuperación de la Memoria Histórica. "Teníamos que perder". Por J. García Pradas, protagonista de primera fila en la contienda. PRIMERA PARTE. I. LA TIMOCRACIA MARXISTA. RECETA DEL MISMO STALIN. Texto íntegro en html.
Paz Digital, 2007 "Teníamos que perder" Primera Parte I. LA TIMOCRACIA MARXISTA . RECETA DEL MISMO STALIN Por J. García Pradas Aprendo inglés —y otras muchas cosas— en el libro No Compromise, de Melvin Rader, publicado en el negro año 39 por la editorial Gollancz, de Londres, y en él encuentro estas frases de Mussolini: “Hemos creado nuestro mito. El mito es un credo, una pasión. No es necesario que sea una realidad. Es realidad por el hecho de ser un acicate, una fe, una valentía.” ¡O un engaño! Para sus creadores, lo importante es que se crea, a fin de que, con arreglo a una consigna del Duce, los creyentes obedezcan y combatan tan a ciegas como creen. El truco es tan viejo como la historia; apenas hay institución, buena o mala, que no se base en ficciones. Lo extraordinario es que, en nuestro tiempo, fascistas y nazis, despectivos para la razón, porque también son despectivos hacia el hombre, no proclaman el mito como verdad, sino hasta la verdad, cuando alguna les conviene, como mito. ¡Y aun a la luz le pondrían uniforme! Los llamados comunistas —que no lo son, aunque pasen por serlo exclusivamente— conocen el truco, y hasta a nazis y fascistas se han anticipado en el vivir del mito, pero no lo proclaman como tal, porque algo tienen de puritanos. Como el fin que prometen es moral, cuentan con que un poco de hipocresía les ayude a convertirlo en el mejor de sus medios catequistas, y por eso fingen, no sólo que creen en él, sino también que es veraz. Sin embargo, entre sus altos dirigentes, al hablar de él se hace el guiño con que Lenin, y antes Marx, cambiaba el sentido de las palabras. Eso es lo que hace, hasta al escribir, el sumo sacerdote del mito trocado en timo, Stalin, a juzgar por uno de sus más importantes recetarios, titulado Problemas del leninismo, que cito y comento seguidamente: “… la revolución victoriosa en un país no debe considerarse como completa en sí misma, sino..., como un medio para acelerar la victoria del proletariado en otros países”. El mito de Mussolini es la Nación, convertida en máscara del Estado; el de esta gente es la Revolución, con que se encubre la toma del Poder. Ahí tenemos el objetivo que nos incumbe considerar. Pero sólo es objetivo en apariencia; en realidad es un medio. Pues no se trata realmente de que la revolución rusa —mentira de que se parte para continuar mintiendo— se convierta en palanca de otras revoluciones, aunque eso ocurra al principio; el propósito final es que la revolución en otros países abra camino al imperialismo resultante de la falsa revolución rusa. Por ahora, el objetivo soviético —que tampoco es soviético, sino de los bolcheviques que partieron la escalera de los soviets cuando por ella escalaron el Poder— es fomentar la revolución en otros países, especialmente los europeos. Luego veremos qué revolución es ésa. Por de pronto, veamos el plan trazado por Stalin —mariscal, generalísimo, zar, césar, emperador, al par que sumo sacerdote— para lograrla, y no olvidemos que este plan es la línea a seguir: más bien un mandato que una teoría. “La estrategia —dice— consiste en determinar la dirección del primer golpe del proletariado teniendo en cuenta las condiciones específicas en cierta fase de la revolución; es el desarrollo del correspondiente plan de disposición de las fuerzas revolucionarias (principales y de reserva)... Nuestra revolución ha pasado ya por dos etapas, y, desde la Revolución de Octubre, está emprendiendo la tercera. Nuestra estrategia ha cambiado al pasar de una a otra. Primera etapa, de 1903 a febrero de 1917 —Objetivo: derrocar el zarismo y liquidar absolutamente los restos de la estructura medieval. Fuerza principal de la revolución: el proletariado [industrial]. Reservas inmediatas: los campesinos. Dirección del esfuerzo principal: hacia el aislamiento de la burguesía monárquico-liberal, que estaba intentando ganarse a los campesinos y liquidar la revolución pactando con el zarismo. Plan de disposición de nuestras fuerzas: una alianza del proletariado industrial con los campesinos. Segunda etapa, de febrero a octubre de 1917. —Objetivo: acabar con el imperialismo en Rusia [aquí, un guiño da a entender que alude al Estado Imperial, no a sus dominios] y retirarse de la guerra imperialista. Fuerza principal de la revolución: el proletariado. Reservas inmediatas: los campesinos más pobres. Reservas probables: el proletariado de los países contiguos. Condiciones propicias: la prolongada guerra y la crisis del imperialismo. Dirección del esfuerzo principal: hacia el aislamiento de los demócratas pequeño-burgueses (mencheviques y social-revolucionarios), que procuraban ganarse a los campesinos y liquidar la revolución pactando con el imperialismo. Plan de disposición de nuestras fuerzas: la alianza del proletariado con los campesinos más pobres. Tercera etapa, desde la Revolución de Octubre. — Objetivo: consolidación de la dictadura del proletariado en un país, usando éste como punto de apoyo para derrocar el imperialismo en todos los países. La revolución rebasa las fronteras de un país, y ha empezado la época de la revolución mundial. Fuerza principal de la revolución: la dictadura del proletariado en un país y el movimiento revolucionario de los trabajadores en todos los demás. Reservas principales: las masas semiproletarias y de pequeños terratenientes en los países avanzados, y los movimientos pro liberación de las colonias... Dirección del esfuerzo principal: hacia el aislamiento de los pequeño-burgueses y los Partidos de la Segunda Internacional, que constituyen el primer sostén de la política de pacto con el imperialismo. Plan de disposición de nuestras fuerzas: una alianza de la revolución proletaria con los movimientos de liberación en la colonias.” El plan parece una cosa buena y constante: la lucha contra el imperialismo, empezando por destruir el imperio zarista, para luego, una vez hecha y afianzada la revolución en Rusia, con ella como arma, destruir el imperialismo ajeno en el resto del mundo. Pero es otra cosa, mala y cambiante, aunque sin esencial alteración. La madre del cordero, la revolución inicial, hecha con trabajadores urbanos y campesinos, como fuerzas o medios, no consiste en destruir el Estado, sino en “tomarlo” o convertirse en él, en implantar la omnipotencia de los dirigentes revolucionarios, cuya mera expresión mítica, engañosa, es la dictadura del proletariado. En segundo lugar, el imperialismo ruso de que se habla es el Estado zarista, que se da por extinguido al convertirlo en el Estado bolchevique, y éste no abandona las posesiones del anterior, sino que tiende a aumentarlas fomentando la revolución en otros países o invadiéndoles [sic] con el Ejército Rojo. El imperialismo ajeno con el que hay que terminar es el que, una vez establecido el Estado bolchevique, rivaliza con él. Luego la ayuda bolchevique a la revolución en cualquier país tiene por objeto formar en él una quinta columna que le haga el juego al imperialismo rojo, roxo, rosso o ruso, que únicamente consiste en los intereses de la clase estatal instaurada en la U. R. S. S. cuando los bolcheviques, tergiversando la revolución, les dieron el timo a los verdaderos revolucionarios. También parece que en el plan se barajan realidades, mas lo que se hace es dar consignas, crear mitos, ofrecer la falsilla del engaño, trazar la línea a seguir. Por ejemplo: no importa que mencheviques y social-revolucionarios, pequeño-burgueses y social-demócratas, pacten o no pacten realmente con el imperialismo; lo que importa es decir que pactan, cuando les convenga a los bolcheviques, para desbancarlos más fácilmente. La única verdad que se ha de tener en cuenta es la que no se menciona, la sobreentendida entre los iniciados: el permanente propósito de conquistar el Poder en exclusivo provecho de quienes con él se harán la clase rectora y privilegiada; plenamente despótica, a costa de quienes crean que el objetivo es implantar la sociedad sin clases ni coerción, sin extorsión violenta, sin Estado... Del principio al fin, se trata de un plan para el engaño y el robo, vilmente retrogresivo, que se hace pasar por ser el de una revolución noblemente progresiva. Un nihilista de Dostoievsky se espanta al ver que, partiendo de la absoluta libertad, va al despotismo absoluto. Los bolcheviques se precian íntimamente de ofrecer la libertad absoluta con el propósito de implantar su absoluto despotismo. Estos profesionales de la revolución, moralmente corrompidos por su oficio maquiavélico, no tienen, no pueden tener, ni la conciencia que le quede a un nihilista. Tras decir lo citado anteriormente, Stalin, que es machacón hasta con la pluma, hizo la advertencia de que la estrategia “cambia a medida que avanza la revolución, ajustándose a las condiciones [o conveniencias] específicas de cada etapa de ella, pero siendo esencialmente la misma en todas sus etapas.” La advertencia es ociosa, pues de su plan se desprende; cual también que —como luego añadió—, al cambiar la estrategia, cambia la táctica, y con ella las fuerzas que se usan o a qué se ataca, ya que, propias o contrarias, todas son meras tropas que valen o estorban para conseguir el fin en que ni las propias habrán de participar. Para estos dioses del inhumanismo revolucionario, tan reaccionario a la luz del humanismo y de la verdad, todos los hombres son medios, fuerzas, y su primer objetivo es conseguirlas como les permita la situación. Así, en una monarquía, se han aliado a los republicanos, para con sus fuerzas barrer a los monárquicos; luego, en la república, mediante la alianza con los socialistas, y declarándose al frente de las masas proletarias, con ellas han ido al copo y la destrucción de sus recientes aliados, tachándolos de pequeño-burgueses, como un poco después han calificado de social-traidores a los socialistas que no han querido entregárseles; y, en general, uniéndose a alguien contra alguien, para así disponer de ajenas fuerzas, siempre han tendido a quedarse solos, con plenos poderes, en el puesto de mando. De ordinario, con los del centro han aplastado a los de la derecha; con los de la izquierda, a los del centro, y, finalmente, con los resortes estatales de que se fueron apoderando mientras daban consignas —mitos y timos— a los demás, les partieron el alma a los de la izquierda. Claro es que no siempre ha ocurrido así. En España empezaron declarándose partidarios de la revolución social más inmediata y completa, para ganar gente entre los obreros —de la ciudad y del campo— menos cultos y más desesperados; luego bajaron el diapasón, y, como en muchas otras partes, por general conveniencia rusa, fueron los apóstoles del Frente Popular, con el cual, una vez iniciada la guerra civil, por supuesto amor a una democracia de nuevo tipo, con que engañar a Inglaterra y Francia, quisieron exterminar las fuerzas más aguerridas de la revolución. Les salió rana ese intento; pero, de haberlo logrado, los Partidos con cuya ayuda o aquiescencia lo lograran habrían durado poco entre sus manos. La estrategia cambia, pero sólo de aspecto; esencialmente, siempre es la misma, como Stalin advirtió. Y también, según él, cambia la táctica: “La táctica es el establecimiento de la línea de actuación del proletariado para el período, relativamente corto, de flujo y reflujo del movimiento, de vaivén de la revolución. Si el propósito de la estrategia es ganar la guerra, el de la táctica es... ganar una batalla. Es parte de la estrategia, inferior y subordinada a ella. Así, mientras en la primera etapa nuestra estrategia se mantuvo inalterada, las tácticas cambiaron a menudo... De 1903 a 1905, el Partido siguió tácticas ofensivas; la marca de la revolución estaba subiendo, el movimiento crecía... Por consiguiente, las normas de combate fueron también revolucionarias... Huelgas políticas, manifestaciones políticas, huelga general política, boycott de la Duma, revueltas, consignas revolucionarias de combate. Este cambio en las normas de lucha fue acompañado por los correspondientes cambios en las formas de organización. Comités de taller y de fábricas, comités revolucionarios de campesinos, comités de huelga, soviets de delegados obreros...” “En el período 1907-1912, el Partido se vio obligado a usar tácticas de retirada, durante la decadencia del movimiento revolucionario... Normas de lucha y formas de organización fueron cambiadas igualmente. En vez de boycott a la Duma, intervención en la Duma; en vez de franca acción revolucionaria fuera de la Duma, discursos y la rutina parlamentaria dentro de la Duma, huelgas económicas o simplemente la suspensión de actividades. El Partido, desde luego, fue forzado a hundirse en la clandestinidad durante aquel período, pero las organizaciones revolucionarias de masas —las fuerzas a disposición del Estado Mayor bolchevique— fueron sustituidas por otras organizaciones —culturales, docentes, cooperativas— permitidas por la ley... Lo mismo es cierto respecto a la segunda y la tercera etapas de la revolución, en que las tácticas cambian docenas de veces, pero los planes estratégicos siguen siendo los mismos”. También indicó que, cada cual en su tiempo, la retirada es tan conveniente como el ataque, y que las maniobras con las reservas, como la misma confusión que se puede producir con los frecuentes cambios de táctica, caen dentro de una estrategia cuyo objetivo es “ganar tiempo, descomponer al enemigo y concentrar las propias fuerzas para el ataque final”. Ni Hitler, en su Mein kampf, se expresó más claramente. Pero Stalin sólo se expresa con claridad para los pocos capaces de entenderle; para los otros, que son legión, y aun legiones, su brutal exposición suele ser causa de ceguera, ya que, al leerla, toman el rábano por las hojas, o las hojas por el rábano, confundiendo apariencia y realidad. Quien entienda lo dicho, bien a las claras entenderá la actuación de los comunistas en todas partes, especialmente en España. Todos sus cambios de frente, de aliados, de tono, de objetivos, son ardides, añagazas de una constante intención. Afirmen lo que les plazca y alíense con quien fuere, su propósito es añascar el Poder, ya en nombre de la democracia, ya en el de la revolución, para desde él eliminar a todos sus adversarios, que son —más pronto o más tarde— cuantos no se someten a su férula. La experiencia nos lo demostró en España, confirmando a nuestra costa cuanto acabo de arrancar al catecismo de Stalin. Paz Digital, 2007 LAS CLAVES. Recuperación de la Memoria Histórica. Teníamos que perder. Por J. García Pradas. La Guerra Civil contada por un anarquista, protagonista de primera fila . PUBLICÁNDOSE Recuperación de la Memoria Histórica. Causa General. La Dominación Roja Española . PUBLICADA Todas LAS CLAVES de Paz Digital
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