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Václav Klaus es presidente de la República Checa, uno de los países que forman la Unión Europea. Traducción para Paz Digital: Vance
Discurso pronunciado por Václav Klaus en Chatham House, Londres, el 7 de Noviembre de 2007 Paz Digital, 06-01-2008 (Traducción, para Paz Digital, por Vance).- Gracias por la invitación y por la oportunidad de dirigirme a esta distinguida audiencia. Me gustaría comenzar señalando lo que me alegro de estar por primera vez en la famosa Chatham House, que ha sido el lugar de tantos importantes debates y conversaciones en sus 87 años de existencia.
En los últimos años, mis discursos aquí en Londres se han referido a dos asuntos. El primero fue el final de comunismo y nuestra manera de deshacernos de su herencia. El segundo fue la integración europea.
La transición del comunismo a una sociedad libre se ha terminado, y no sólo en mi país. Podemos tener reservas sobre los acontecimientos en algunos países ex comunistas, pero discrepo de los intentos de mirar esos países con la óptica equivocada de que hay comunismo beligerante allí incluso ahora. Esto es un error, y me temo que también una posición ligeramente esnob.
Mi segundo tema aquí solía ser Europa y la Unión europea. Mientras que la primera cuestión está más o menos cerrada porque el comunismo ha terminado, la segunda cuestión sigue con nosotros. No se ha desvanecido. Al contrario, con tratado tras tratado, con cumbre tras cumbre, se está haciendo cada vez más agudo el peligro de crear "un mundo feliz" [1] de una entidad postdemocrática europea supranacional.
Después de casi medio siglo de comunismo, la República Checa tenía un fuerte deseo de ser otra vez un país europeo normal. Entendimos y aceptamos que esto requiere --en estos días-- hacerse miembro de la Unión Europea. Sin embargo, debido a nuestra experiencia con la supresión de la libertad y la democracia en nombre de objetivos que según se dice son "más altos", consideramos que el actual proyecto de unificación europea en sí mismo --otra vez un objetivo casi santo y sagrado que explica, justifica y lo perdona todo-- no es sólo una bendición.
El abrazo reciente al llamado Tratado de Reforma, que en todos los aspectos importantes es idéntico al antiguo Tratado Constitucional, es una derrota para todos los verdaderos demócratas europeos y debería ser interpretado como tal. La minimización de su esencia verdadera es inaceptable intelectualmente e imperdonable moralmente.
Sin embargo, hay otra amenaza sobre el horizonte. Yo veo esta amenaza en el ecologismo que se está convirtiendo en una nueva ideología dominante, si es que no es una religión. Su arma principal está expandiendo el miedo y prediciendo que el cambio climático basado en el calentamiento global antropogénico pone en peligro la vida humana. La concesión reciente del premio Nobel al principal apóstol de esta hipótesis ha sido la gota que desbordó el vaso por el cual estas ideas fueron elevadas al pedestal de las verdades no criticables "santas y sagradas".
Se hizo políticamente correcto el caricaturizarnos a nosotros, los que nos atrevemos a hablar sobre ello, como gente que habla de cosas que no entiende y no es experta. Esta crítica es inadecuada. La gente como yo no tiene ambiciones de entrar en el campo de la climatología. No intentan medir mejor la temperatura global o presentar escenarios alternativos de las futuras fluctuaciones climáticas globales.
No tienen que hacerlo porque el debate del cambio climático no es básicamente sobre la ciencia; es sobre la ideología. No es sobre la temperatura global; es sobre el concepto de sociedad humana. No es sobre la ecología científica; es sobre el ecologismo, que es una nueva ideología anti-individualista y pseudo-colectivista basada en poner a la naturaleza y el ambiente y su supuesta protección y preservación antes y por encima de la libertad. Este es uno de los motivos por los que mi libro recientemente publicado sobre este asunto tiene un subtítulo: "¿Qué es lo que está en peligro, el clima o la libertad?"
Cuando lo miramos en una perspectiva histórica correcta, la cuestión es --otra vez-- la libertad y sus enemigos. Aquellos de nosotros que sentimos muy fuertemente la libertad nunca podremos aceptar: - la irracionalidad con la cual el mundo actual ha abrazado el cambio climático (o el calentamiento global) como un verdadero peligro para el futuro de humanidad, así como:
- la irracionalidad de las medidas estatalistas y dirigistas propuestas y en parte ya puestas en práctica, porque esas medidas fatalmente pondrán en peligro nuestra libertad y nuestra prosperidad, los dos objetivos que consideramos --esto es en lo que yo creo-- nuestras prioridades.
Mi posición se puede resumir de la siguiente manera:
1. Contrariamente a las opiniones actualmente predominantes --promovidas por los alarmistas del calentamiento global, por la predicación de Al Gore, por el IPCC, o según el Informe Stern-- el aumento de las temperaturas globales en los últimos años, décadas y siglos ha sido muy pequeño y, debido a su tamaño, ha sido prácticamente insignificante en su impacto real sobre los seres humanos y sus actividades. Durante la mayor parte de la historia de la Tierra (el 95 % de ella), el globo ha estado más caliente que durante los 200 años pasados. Además de ello, usando la historia otra vez, se ha demostrado que las consecuencias de un pequeño calentamiento han sido sobre todo positivas, no negativas.
2. Los argumentos de los alarmistas del calentamiento global se basan exclusivamente sobre previsiones muy especulativas, no sobre el análisis serio y la extrapolación de tendencias pasadas o sobre las conclusiones innegables de las ciencias naturales. Las pruebas empíricas disponibles no son alarmantes. Las previsiones que tanto se han publicitado, hechas por algunos líderes ecologistas, están basadas en simulaciones experimentales de modelos de pronósticos muy complicados que no han resultado muy creíbles al intentar explicar los acontecimientos pasados. Esos modelos los hicieron sobre todo ingenieros de software, no los mismos científicos.
3. El debate tiene un importante aspecto científico relacionado con la discusión sobre si el actual calentamiento suave es antropogénico o natural. Escuchemos a los científicos, pero una cosa se hace cada vez más evidente: sigue la discusión científica sobre las causas de cambios climáticos recientes. Los intentos de proclamar un consenso científico son autodebilitantes. No lo hay. Por el contrario, cada vez más y más científicos se atreven a hablar claro sobre ello.
4. El asunto tiene un aspecto económico importante que requiere el uso de un análisis estándar de costo-beneficio. Una respuesta racional a cualquier peligro depende del tamaño y la probabilidad del riesgo eventual y de la magnitud de los gastos de evitarlo. Me siento obligado a decir que --basado en mi conocimiento-- encuentro el riesgo demasiado pequeño y los gastos de eliminación de ello demasiado alto. El uso del supuesto "principio preventivo", invocado por los ecologistas, es --conceptualmente-- una estrategia incorrecta, porque la civilización humana no puede existir en un régimen de principio preventivo.
5. La desindustrialization y similares políticas restrictivas no servirán. En vez de bloquear el crecimiento económico, el aumento de riqueza en todo el mundo y el progreso técnico rápido --todo ello unido con la libertad y los libres mercados-- deberíamos dejarlos que continúen libres. Ellos representan la solución a cualquier cambio climático eventual, no su causa. Deberíamos confiar en la racionalidad de hombres. Nunca deberíamos olvidar que el fracaso de un gobierno es siempre mucho más grande que el fracaso del mercado. No deberíamos creer más en Al Gore que en la omnipotencia de los planificadores centrales Soviéticos o checoslovacos. Los planes de cincuenta --o cien-- años de los ecologistas actuales no serán mejores que los planes de cinco años que liquidaron la libertad económica (y la eficacia económica unida a ella) en las economías centralmente planificadas del pasado.
6. La cuestión del calentamiento global tiene un aspecto muy importante en las relaciones Norte-Sur y Occidente-Este también. La calidad ambiental es un bien de lujo y la demanda de ella aumenta con los ingresos y la riqueza. Los paises desarrollados tuvieron que pasar por el camino de la curva ambiental de Kuznets en el pasado y no tienen ningún derecho a imponer prematuramente sus sobreambiciosas normas ambientales actuales sobre países menos desarrollados, porque esto conduciría a un desastre económico en ellos.
La única conclusión es que no son necesarias ningunas medidas radicales. El famoso escritor checo de principios del siglo XX Jaroslav Hasek, cuyo libro "el Buen Soldado Schweik " es conocido en todo el mundo, hizo una buena observación al decir: "A chce klid". Los ingleses probablemente dirían “Take it easy”. [en español, "tómatelo con calma"].
Viví la mayor parte de mi vida en un sistema político, económico y social opresivo y muy improductivo llamado comunismo. Era imposible "tomárselo con calma". Ahora vivo en un sistema basado en la ideología del Europeísmo, que prefiere instituciones supranacionales con su postdemocracia, a las buenas antiguas instituciones democráticas en un estado constitucional soberano bien definido. Otra vez es difícil "tomárselo con calma". Y nos estamos moviendo --muy rápidamente-- a la era del ecologismo, en la cual el medio ambiente (o quizás las reclamaciones irracionales de los ecologistas) se colocan por delante de los hombres y de su libertad. Podemos tomarnos con calma los cambios climáticos globales, pero la propaganda del clima y la nueva ola de peligroso adoctrinamiento del mundo entero, no.
Václav Klaus
[página web de Václav Klaus]
Traducción: Vance
Paz Digital, 06-01-2008
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