|
Los especuladores, culpables de hacer subir el precio de productos de alimentación básicos mientras 100 millones de personas afrontan la hambruna.
Paz Digital, 06-05-2008.- (Por Geoffrey Lean / Traducción por Paz Digital) Los gigantescos negocios derivados de la agricultura están disfrutando de elevados ingresos y ganancias obtenidos de la crisis alimentaria mundial, que está llevando a millones de personas hacia el hambre, según revela The Independent. Y la especulación está contribuyendo a llevar a los precios de los productos alimenticios básicos más allá del alcance de los que pasan hambre.
Los precios del trigo, el maíz y el arroz han subido muchísimo durante el año pasado, llevando a los pobres del mundo --que ya gastan en alimentos aproximadamente el 80 por ciento de sus ingresos -- al hambre y a la indigencia.
El Banco mundial dice que más 100 millones de personas afrontan la hambruna. Aun así, algunas de las empresas alimentarias más ricas del mundo están obteniendo ganancias records. El mes pasado, Monsanto anunció que su ganancia neta del trimestre que terminó a final de febrero de este año se había doblado respecto al mismo período de 2007, de 543 millones de dólares a 1.120 millones. Sus ganancias brutas aumentaron de 1.440 millones a 2.220 millones.
Los ingresos netos de Cargill subieron en un 86 por ciento, de 553 millones de dólares a 1.030 millones durante los tres mismos meses. Y Archer Daniels Midland, uno de los mayores procesadores mundiales de soja, maíz y trigo, aumentó sus ingresos netos en un 42 por ciento en los tres primeros meses de este año, de 363 millones de dólares a 517 millones. El beneficio de explotación de su comercio y procesamiento de cereales se multiplicaron por 16, saltando de 21 millones de dólares a 341 millones.
Asimismo. la Mosaic Company, una de las mayores empresas mundiales de fertilizantes, vio que sus ingresos durante el trimestre que terminó el 29 de febrero se multiplicaron por 12, de 42,2 millones de dólares a 520,8 millones de dólares, por la escasez de fertilizantes. Los precios de algunos tipos de fertilizantes se han triplicado durante el pasado año, ya que la demanda ha excedido al suministro. Por lo tanto, las planificaciones para aumentar las cosechas en los países en vía de desarrollo han recibido un duro golpe.
La Organización para la Agricultura y la Alimentación [Food and Agriculture Organisation - FAO] relata que 37 países en vía de desarrollo están tienen necesidad urgente de alimentos. Y están estallando disturbios por los alimentos por todo el mundo, de Bangladesh a Burkina Faso, de China a Camerún, y de Uzbekistán a los Emiratos Árabes Unidos.
A finales de la semana pasada, Benedict Southworth, director del Movimiento para el Desarrollo Mundial [World Development Movement], llamó "inmorales" a los ingresos y ganancias rampantes. Dijo que los beneficios de los aumentos de precios de los alimentos se los están quedando las grandes empresas, y no están llegando a los agricultores del mundo en desarrollo.
Los altísimos precios de los alimentos y los fertilizantes vienen principalmente del aumento de la demanda. Esto, en parte, ha sido causado por el auge de los biocarburantes, que requieren cantidades enormes de maíz, pero aun más por la demanda creciente de carne, sobre todo en India y China; producir 1 libra de ternera, por ejemplo, requiere 7 libras de cereal.
Han contribuido a la crisis las bajas reservas mundiales de alimentos, las prohibiciones de exportación y una sequía en Australia, pero los expertos también incluyen la especulación con los alimentos. El profesor Bob Watson --director científico del Department for Environment, Food and Rural Affairs [Departamento para Asuntos del Medio Ambiente, Alimentarios y Rurales], que dirigió el gigante International Assessment of Agricultural Science and Technology for Development [Asesoría Internacional de Ciencia Agrícola y Tecnología para el Desarrollo]-- la identificó como uno de los factores, la semana pasada
Las inversiones de fondos en cereales y carne han aumentado casi cinco veces hasta 47.000 millones de dólares el año pasado, concluye AgResource Co, una firma de investigación radicada en Chicago. Y la oficial US Commodity Futures Trading Commission [Comisión para el Comercio de Materias Primas Futuras de EE UU] mantuvo audiencias especiales en Washington hace dos semanas para examinar cuántos especuladores están contribuyendo a hacer subir los precios de los productos alimentarios.
Cargill dice que sus resultados "reflejan el efecto acumulativo de haber invertido más de 18.000 millones de dólares en capitales activos y fijos durante los últimos siete años para ampliar nuestras instalaciones, capacidades de servicio y conocimiento en todo el mundo".
Las revelaciones van a aumentar la indignación contra las multinacionales, después de la revelación de la semana pasada de que Shell y BP registraron, entre las dos, ganancias de 14.000 millones de libras en el primer trimestre del año –3.000 libras por hora– aprovechando la subida de los precios del petróleo. La Shell se atrajo una condena aun mayor al anunciar que se salía del proyecto de construir la mayor granja eólica del mundo cerca de la costa de Kent. Los líderes mundiales se van a reunir el mes próximo en una cumbre especial sobre la crisis alimentaria, y ésta estará muy arriba en el orden del día de la cumbre del G8, los países más ricos del mundo en Hokkaido, Japón, en julio. [Geoffrey Lean / investigación adicional de Vandna Synghal / The Independent ]
Relacionado: Los especuladores y los altísimos precios de los alimentos
Paz Digital, 06-05-2008
|
CAPITÁN ESCARLATA Escrito por Usuario no registrado el 07/05/2008 17:27:26 El teorema de los alimentos. Los países que exportan productos alimenticios se enfrentan en estos días a una misma disyuntiva a lo largo y ancho del planeta: imponer límites a sus ventas al exterior y resistir el enojo de sus grupos propietarios, o liberar el sector externo y enfrentar las protestas de los sectores populares por el encarecimiento acelerado de los alimentos, el famoso fenómeno de la inflación. En un país como la Argentina, donde la inflación y las protestas sociales decoraron la caída de dos presidentes, lo que ayudó a consolidar procesos regresivos de distribución del ingreso, no cabe duda de qué tiene que hacer cualquier gobierno que no sea suicida. En las últimas semanas, en la Argentina se organizó un lockout contra el anuncio de retenciones móviles, una protesta que contó hasta con el apoyo de algunos de los beneficiarios de la medida que los indignaba, como grupos de las clases medias urbanas. En el mismo momento, en otras partes del mundo, el traslado directo del precio internacional de los productos primarios al mercado interno provocó una ola de levantamientos en protesta por la inflación: en Haití (un importador neto) las protestas dejaron cuatro muertos. En el último mes, las protestas en Egipto, Costa de Marfil, Mauritania, Mozambique, Senegal, Uzbekistán, Yemen, Bolivia e Indonesia tuvieron el denominador común de reclamar una baja en el precio de los alimentos. En Camerún, la represión a las marchas contra los aumentos de precios costó cuarenta vidas. La “escasez” de arroz es sin duda uno de los ejemplos más perversos de este proceso: la producción exportable llega a Europa y Estados Unidos a precios altos que aún pueden ser absorbidos por esos mercados, pero en los supermercados de los países productores el mismo precio deja las góndolas llenas de paquetes de arroz y a los potenciales consumidores con sus carritos vacíos. La ONU advierte que la pobreza generada por el aumento del precio de los alimentos puede generar una crisis política global. El titular del Banco Mundial, Robert Zoellick –insospechado de todo progresismo, mucho menos de kirchernismo alguno– dice que el resultado inmediato es un aumento de la pobreza urbana como no se ve desde hace décadas. A Zoellick (y a muchos otros) le preocupa lo que parece ser un hecho consumado: en muy poco tiempo, a los países desarrollados se les puede acabar el maná milagroso de los alimentos baratos, como hace un tiempo ocurrió con el petróleo. Para contener la inflación provocada por el aumento del precio internacional de sus productos, China, Vietnam, India, Camboya y Pakistán optaron por lo mismo que el gobierno en Buenos Aires: aplicar retenciones a las exportaciones y recortar (o suspender por completo) las ventas al exterior de algunos productos como arroz y café, para aumentar la oferta interna y contener la inflación. Todo esto sin haber llamado a Cristina Fernández ni a Martín Lousteau. Si uno es muy obstinado, puede suponer que lo único que les interesa a esos países es acumular dinero y aniquilar a sus productores para favorecer redes clientelares, que ninguno redistribuye, que el problema de la inflación no existe, o que sólo es consecuencia de que el kirchnerismo es malo y derrochón. Con un poco menos de tozudez, a cualquiera le quedan claras dos cosas: 1) que el problema de la inflación es mundial, es urgente, avanza rápido, carcome las economías de los países exportadores de productos alimenticios y pone en tensión a sus sociedades y, 2) que las retenciones y límites a las exportaciones son dos de las pocas herramientas que el Estado tiene a mano para resistir el doble acecho de las ganancias de sus elites y las presiones del mercado global, una tenaza que oprime las entrepiernas de los gobiernos y la distribución interna de los recursos, el excedente y los alimentos. Cuando se incluye en la foto la presión del mercado mundial –que tiende a igualar globalmente los precios internos de las economías– se descartan al menos tres de las ideas más obtusas que circulan en la Argentina, y que asumen como realidad las fantasías de café en las que inscriben el conflicto con el agro. Una es que la “necesidad de recaudar” se saciaría si el Estado mejorara el cobro de, por ejemplo, el impuesto a las ganancias, algo que no ayudaría en nada a contener el precio de los productos alimenticios (lo cual no quita que, aparte, el Gobierno debería ser más eficaz en cobrar dicho impuesto). La otra es que la voracidad por recaudar sólo sirve para “agrandar el Estado” y financiar “redes clientelares”, como si éstas no fueran, aun en su modo cuestionable, herramientas de redistribución del ingreso, y como si en Europa y Estados Unidos los beneficios del Estado de Bienestar los hubieran repartido San Pedro y San Pablo y no los funcionarios de turno a los que les tocó en suerte la tarea (lo cual no quita que el Gobierno debería avanzar hacia formas universales de garantizar el ingreso ciudadano). Más en...... http://FE-JONS-Castellon.corank.com/user/Falange
|
Powered by AkoComment 2.0! |