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Ha sido repuesto en su cargo el jefe de la seguridad del aeropuerto, Wafic Chukair, a quien el gobierno había destituido acusándolo de ser un hombre cercano a Hezbolá.
Paz Digital, 11-05-2008.- Pese a una vuelta a la calma generalizada en Beirut y el despliegue del ejército a lo largo del país, este domingo estallaron nuevos combates en el norte del Líbano y en zonas drusas próximas a la capital.
El ejército libanés, tradicionalmente responsable de mantener el orden, tomó posiciones en todo el país, en especial en Beirut y en la entrada norte de Trípoli, la gran ciudad costera del norte del país, de mayoría sunita, donde combates librados este domingo causaron un muerto y cinco heridos.
Durante el día, violentos combates se sucedieron entre partidarios del gobierno y militantes de la oposición en varias zonas de mayoría drusa en el sudeste de Beirut, informaron varios testigos.
En la capital, los grupos armados chiitas de la oposición habían desaparecido de la zona oeste, tras haber tomado su control el viernes y haberlo cedido a los militares.
La tensión seguía presente en todo el país, como lo demuestran los combates del domingo y el mantenimiento de las barricadas, sobre todo las que bloquean la carretera de acceso al aeropuerto internacional de Beirut, al sur de la capital, que seguía cerrado este domingo.
Un responsable de la oposición liderada por Hezbolá declaró a la AFP que este eje, así como otras carreteras, seguirían bloqueadas.
En Trípoli, una mujer murió y varias personas resultaron heridas en los combates del domingo por la mañana, anunció a la AFP un responsable de los servicios de seguridad, añadiendo que unas 7.000 personas habían huido cuando empezó la violencia con ametralladoras y lanzacohetes.
Los combates enfrentaron a partidarios sunitas de la mayoría gubernamental de Beirut con alauitas, una rama disidente de los chiitas pero leal al movimiento Hezbolá apoyado por Siria e Irán.
Sin embargo, la víspera, Hezbolá y sus aliados de la oposición dieron una señal de conciliación al empezar a retirar a sus militantes de los barrios del oeste de Beirut que tomaron el viernes.
La oposición chiita respondió así al llamamiento del ejército, en cuyas manos dejó el gobierno el restablecimiento de "la paz civil" en Líbano, no sin advertir que continuaría con su movimiento de "desobediencia civil".
El primer ministro, Fuad Siniora, dirigió el sábado un mensaje al país en el que pidió al "ejército imponer la seguridad (...) y retirar a los hombres armados de las calles inmediatamente".
Siniora pidió a los libaneses que guardaran un minuto de silencio el domingo al mediodía para mostrar su rechazo a la violencia. Este acto fue seguido masivamente en todo el país.
En un intento de lograr calmar la situación, el ejército anunció la suspensión de las recientes decisiones gubernamentales contra Hezbolá, causa de los combates que desde el jueves provocaron, al menos, 35 muertos.
Así, el ejército pidió a los hombres armados que se retiraran de las calles pero también decidió reintegrar en su puesto al jefe de la seguridad del aeropuerto, Wafic Chukair, a quien el gobierno había destituido acusándolo de ser un hombre cercano a Hezbolá.
Asimismo, afirmó que "estudiará" la red de telecomunicaciones de Hezbolá que el gobierno quería investigar.
La formación chiita -que considera esa red esencial para su lucha contra Israel- calificó esa iniciativa de "declaración de guerra", desencadenando así los sangrientos enfrentamientos de finales de semana.
Al mismo tiempo, los ministros de Relaciones Exteriores de la Liga Árabe se reunieron en El Cairo a la petición de dos países de gran influencia, Arabia Saudita y Egipto, aliados del gobierno libanés, donde hicieron un "llamamiento urgente al fin inmediato de la violencia" en Líbano.
El papa Benedicto XVI también exhortó a los libaneses "a abandonar la violencia que lleva al país hacia lo irreparable". [AFP]
REUNIÓN DE URGENCIA
El Ejército libanés ha penetrado esta tarde en las zonas del Monte Líbano donde durante varias horas se han producido intensos combates entre milicianos drusos y del grupo chií Hizbulá, sin que se sepa si ha habido víctimas.
El Consejo de Ministros se ha reunido de urgencia para estudiar este nuevo rebrote de violencia, que sucede cuando la situación ya se ha calmado tanto en Beirut como en la ciudad septentrional de Trípoli.
La televisión mostró a los camiones del Ejército penetrando en la ciudad de Aley, sin que cesara el fuego cruzado.
En Hasbaya (sur) los drusos del Partido Socialista Progresista (PSP), seguidores de Walid Yumblat y aliados del gobierno, que son mayoritarios en esta zona, han entregado sus sedes al ejército, mientras que Yumblat -uno de los más furibundos enemigos de Hizbulá- multiplica los llamamientos a la calma.
En una declaración a la televisión LBC, Yumblat instó a sus partidarios y a los de la oposición que contribuyan con el ejército para que pueda desplegarse en el sur.
Pidió a Hizbulá y a su jefe, jeque Hasán Nasralá, que no haya agresión contra los civiles en la montaña. "La venganza no tiene sentido porque puede dejar consecuencias".
Dijo que no acusaba a Hizbulá, pero estimó que todos deben ceder para que el Estado se haga cargo de la situación.
Pidió a Nasralá que "separe los sentimientos personales hacia mi persona de la población que debe ser tratada con dignidad".
Yumblat está estrechamente aliado al primer ministro libanés, Fuad Siniora, y al jefe de la mayoría parlamentaria, Saad Hariri, y tanto él como Hariri han sacado estos pasados días a sus milicias a las calles para contrarrestar la presencia de las milicias de Hizbulá, pero estas últimas se han impuesto con claridad.
Así, el gobierno se ha visto obligado a revocar las dos decisiones que más habían enfurecido a Hasan Nasralá: la prohibición de la red propia de comunicaciones de Hizbulá y el cese del responsable de seguridad del Aeropuerto de Beirut, cercano al movimiento chií.
Este actitud del gobierno ha sido interpretada como una nueva victoria de Hizbulá en un momento de grave crisis en el país, aunque aún no han logrado su objetivo último: replantear el reparto de poder en el gobierno y en las instituciones del país, pues el actual reparto es claramente desfavorable para los chiíes. [Efe]
Paz Digital, 11-05-2008
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