|
George Soros y la Guerra de Georgia
Por Nathanael Kapner
Traducción para Paz Digital por DonaldRumsfeld
Paz Digital, 15-08-2008.- La "Revolución de las Rosas" en Georgia (2003) fue financiada por el financiero judío nacido en Hungría George Soros. La “Revolución de las Rosas” obligó al presidente Eduard Shevardnadze a renunciar al poder el 23 de noviembre de 2003 (el día de San Jorge en Georgia).
Soros llevó al poder al joven protegido de Shevardnadze, Mikhail Saakashvili, que es el actual Presidente de Georgia. Durante los tres meses antes del golpe de estado, a Saakashvili, que había estudiado en los USA, se le prodigó un tratamiento glorificante por parte del Departamento de Estado de los USA, controlado por los sionistas, y por los medios de comunicación controlados por judíos. Y en el verano anterior, Soros había llevado a Saakashvili y a sus seguidores a un "Curso de capacitación para revolucionarios" en Belgrado, Serbia.
De vuelta a Georgia a partir de su formación con Soros en Belgrado, Saakashvili movilizó a miles de manifestantes que enarbolaban rosas rojas frescas en su asalto al Palacio del Presidente. Esto ocurrió en el frío invierno georgiano y las rosas frescas tuvieron que ser llevadas en avión, por cortesía del judío George Soros, que había gastado $ 42 millones en su nuevo títere georgiano. Apenas hubo asumido el cargo, proclamó que pondría a Osetia del Sur y a Abjasia, entonces y ahora apoyadas por Rusia, de nuevo bajo control georgiano.
Soros y el Departamento de Estado de los USA se habían comprometido públicamente con el actual Presidente de Georgia anti-ruso, Mikhail Saakashvili, considerado por muchos como un bandolero autoritario. Se estaba planeando un enfrentamiento entre Rusia y los USA. Ahora se ha hecho evidente con el reciente conflicto en Osetia del Sur.
Una guerra fría en ebullición en Georgia
La política pro-georgiana de los USA se explica por el acceso de Georgia a las riquezas petroleras del Mar Caspio. Los USA respaldan el oleoducto construido por British Petroleum (BP) que va desde el Mar Caspio, pasa por Georgia y continúa por debajo del Mar Negro hasta Turquía desde donde llega a Europa y a los USA. Los USA y sus aliados europeos han estado compitiendo con Rusia por el control del Caspio debido a su riqueza petrolífera.
El oleoducto pasa sólo a unos 100 km al sur de la capital de Osetia del Sur, Tskhinvali, que está en el centro del norte de Georgia. Osetia del Sur se separó de Georgia a comienzos del decenio de 1990 y existe como un Estado independiente con pleno apoyo de Rusia. La mayoría de los residentes de Osetia del Sur tienen pasaportes rusos.
Los USA consideran a Georgia como un aliado y apoyan su deseo de unirse a la OTAN y a la UE. Moscú se opone a ambos objetivos. La postura pro-occidental de Georgia ha sacado de quicio a Rusia, porque Moscú considera a toda la región como su propia esfera de influencia.
En abril de 2002, los USA iniciaron el "Programa de entrenamiento y equipamiento de Georgia" que implicó que los USA formaran a las fuerzas armadas georgianas. Poco después, los militares de Georgia fueron enviados a Iraq para formar parte de las fuerzas de ocupación de USA-Reino Unido en ese país. Con respecto al actual conflicto de Osetia del Sur, los USA han estado suministrando equipamiento y asesores militares a Georgia. Y Rusia está ahora acusando a los USA de orquestar la guerra.
Más aún, el socio en la hegemonía sionista internacional de los USA, el estado de Israel, colaboró con Georgia en su ataque contra la capital de Osetia del Sur, Tskhinvali, el pasado 8 de agosto, con una bandada de sus propios asesores militares.
Por lo tanto, Georgia seguirá siendo un punto caliente de la nueva guerra fría entre Rusia y los USA que compiten para controlar las riquezas petrolíferas del Caspio. Y el judío George Soros, y su títere, Mikhail Saakashvili, han llevado a esta nueva guerra fría focalizada en Georgia a su punto de ebullición. [Real Jew News]
Relacionados: Serbia y los Rothschilds. El 11-S. Crímenes políticos bajo bandera falsa (XXIV). Otras banderas falsas. ¿Por qué Kosovo? Los Illuminati y los Rothschild.
Paz Digital, 15-08-2008 |
XL Escrito por Usuario no registrado el 16/08/2008 10:41:26 La inmediatez de la respuesta rusa sugiere que la inteligencia militar rusa estaba sobre aviso y la cadena de mando preparada y/o comprada para dar la orden. Ahora empezarán las guerrillas espontáneas armadas hasta los dientes con misiles stinger (al estilo Afganistan y Kósovo) y el goteo de muertos hacia Moscú. Las madres de los soldados empezarán a protestar y Putin lo tendrá muy dificil. Putin estará amenazado por golpes de estado, atentados personales, infartos, etc... ya que es un estorbo para el NOI.
| FreedomFighter Escrito por Usuario no registrado el 18/08/2008 10:43:33 «La revolución de las rosas» Presentada como un movimiento espontáneo y no violento, la sublevación que obligó a Eduard Chevarnadze a renunciar a la presidencia de Georgia es en realidad fruto de una paciente manipulación. Objetivo estratégico y petrolero en juego entre la Federación Rusa y Estados Unidos, Georgia se ha convertido en terreno de enfrentamiento de las potencias. La cólera popular, hábilmente desencadenada por el Instituto Democrático de Madeleine Albright y estructurada por asociaciones juveniles que financia George Soros, permitió a la CIA poner a sus hombres en el poder en Tbilisi, capital del país. Gobernada desde 1991 por el ex-ministro de Relaciones Exteriores de la URSS Eduard Chevarnadze, Georgia acaba de salir de una revolución pacifica. El llamado «Zorro blanco» fue expulsado por su pueblo -cansado de una corrupción total y una persistente fragilidad económica- que puso en tela de juicio la regularidad de las elecciones realizadas en noviembre de 2003. A ese movimiento espontáneo, bellamente comparado a la «revolución de los claveles» durante la cual el pueblo de Portugal derrocó sin violencia el régimen de Marcelo Caetano heredero de la dictadura de Salazar, a este movimiento de protesta se le atribuyó el nombre de «revolución de las rosas» que permite imaginar que dicho movimiento conducirá al restablecimiento de un régimen democrático más transparente, menos corrupto y que abrirá paso a la esperanza del pueblo. Eso sería dejarse engañar por la formidable propaganda que propició ese golpe de estado fomentado desde el extranjero y planeado durante largo tiempo. Y es que Georgia está lejos de ser un país sin perspectivas internacionales. Su importancia es incluso crucial en la arena internacional. Su territorio se extiende, en efecto, al sur del Mar Caspio, y tiene fronteras con Turquía, Rusia, Armenia y Azerbaiyán. Esa posición central hace que se vea periódicamente en pleno centro de una zona de fuertes turbulencias desde el desmembramiento de la URSS, en 1991. Sobre todo en medio de la formidable guerra de los oleoductos que Estados Unidos y la Federación Rusa libran en la región. Georgia en medio del «Gran juego» Las hostilidades comenzaron el 17 de abril de 1999 con la apertura del oleoducto que va desde la ciudad de Bakú (Azerbaiyán) hasta el puerto de Supsa (Georgia), en el Mar Negro. El proyecto, financiado por Washington, pone fin a la hegemonía rusa sobre la exportación de hidrocarburos del Mar Caspio. Ese mismo año, Georgia se alinea junto a Ucrania y Azerbaiyán y se aleja de Rusia. Rompe además con el tratado de defensa colectiva de las fronteras de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) y el tratado de seguridad colectiva de Tashkent (firmado en esta ciudad capital del Uzbekistán, otra ex república soviética). En vez de ese sistema diplomático de alianzas organizado alrededor de Rusia, Georgia prefiere entonces unirse a la OTAN y su dirección estadounidense. Esta actitud obliga al presidente Yeltsin a firmar en noviembre de 1999, durante la cumbre de la OSCE, en Estambul, un acuerdo para el desmantelamiento de dos de las cuatro bases rusas existentes en Georgia, desmantelamiento que comenzará efectivamente en el 2000, a pesar de la reticencia del Estado Mayor ruso. La decisión georgiana de ponerse claramente del lado de Estados Unidos, en una coyuntura en que su posición estratégica se hace fundamental, constituye una tendencia que caracteriza al conjunto de países del sur del Cáucaso. Después del derrumbe de la URSS, Estados Unidos cambió su estrategia de «containment» en la región por una estrategia de «rollback», o sea provocar un reflujo de las posiciones rusas. Es así que los principales países de la región se reagrupan en el seno del Guuam, sigla compuesta de las iniciales de Georgia, Ucrania, Uzbekistán, Azerbaiyán y Moldavia. Esa entidad, favorable a Estados Unidos, se reunió en mayo del 2000 -en Washington- para abordar cuestiones militares y de seguridad. Los países del Guuam constituyen el eje del proyecto estadounidense de construcción del oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan (BTC), que debe conectar a Azerbaiyán con Turquía pasando por la capital georgiana. Su recorrido evita el territorio ruso pasando por Chechenia y bordea Irán así como Armenia. Este último país está en conflicto con Azerbaiyán a causa del Alto Karabaj y es el único Estado de la región que sigue siendo miembro de los órganos de cooperación militar con Moscú. Los armenios enfrentan por consiguiente fuertes presiones de parte de los occidentales, quienes desean que hagan concesiones necesarias en el arreglo del conflicto que los opone a Azerbaiyán y que adhieran al gran proyecto de oleoducto BTC. En octubre de 1999, el primer ministro armenio y el presidente del parlamento son asesinados. Estas presiones tienen como objetivo la estabilización del conjunto de países que tendrá o que debería atravesar el oleoducto. Sin embargo, el petróleo no es lo único que está en juego. Se adivinan en segundo plano los objetivos políticos y militares igualmente determinantes en la elaboración de la estrategia estadounidense. Fue así que la CIA presentó un informe extremadamente optimista -totalmente irreal, según los expertos- sobre las reservas de la zona del Caspio, para exagerar su importancia. Según Jean Radvanyi y Philippe Rekacewicz, especialistas del Cáucaso, «las presiones ejercidas por Washington y Ankara sobre las compañías para que estas últimas co-financien el paso del oleoducto por Georgia y Turquía demuestran la prioridad concedida a los objetivos políticos sobre los intereses económicos.» [1]. Eduard Chevarnadze, un aliado poco agradecido En ese nuevo «Gran juego», que adquiere incluso un cariz de nueva Guerra Fría [2], Georgia es un país crucial ya que permite garantizar cierta estabilidad en la explotación de los recursos petroleros y abastecer Turquía. El régimen de Chevarnadze fue, por tanto, especialmente mimado por Washington que lo convirtió en el principal receptor regional de su ayuda económica. A cambio, Georgia se adaptó sin chistar a la política exterior de la Casa Blanca. En 1999, cuando el presidente ruso Boris Yeltsin desea utilizar el territorio georgiano para invadir Chechenia, Chevarnadze sigue las órdenes del consejero especial de Clinton para Rusia -Strobe Talbott- y rechaza el pedido ruso. Asimismo, un mes después del 11 de septiembre de 2001, Chevarnadze proponía acoger las tropas estadounidenses en la región, a cambio de una colosal ayuda financiera de Washington. Georgia sirvió más tarde de escala a los vuelos de la US Air Force durante la guerra contra Afganistán y autorizó varios centenares de militares estadounidenses a dirigir comandos georgianos supuestamente encargados de la búsqueda de hipotéticos miembros de Al-Qaeda del lado de la vecina Chechenia. A fines de 2001, Chevarnadze llega incluso a depurar la dirección de sus propias agencias de inteligencia y a poner al ex-embajador pro estadounidense en Washington, Tedo Dzhaparidze, a la cabeza de la seguridad nacional. Pero, con el paso de los años, la influencia del presidente georgiano se reduce, la corrupción y los malos resultados económicos fragilizan su posición, lo cual lo incita a revisar su exclusivo alineamiento con la política de Washington. Poco a poco, se alía con Aslan Abchidze, el gobernador favorable a Rusia de la región autónoma de Adjaria. Esta última es limítrofe con Turquía y de importancia estratégica a causa de su importante puerto, por el cual transita esencialmente el petróleo proveniente del vecino Azerbaiyán y punto de entrada del comercio con Turquía. Este acercamiento obliga a Chevarnadze a mejorar sus relaciones con Moscú y a revisar su asociación estratégica con Estados Unidos. Según la agencia de noticias AFP, en 2003 «firmas estadounidenses fueron eliminadas del mercado georgiano por un impuesto arbitrario» [3]. En ese contexto, Washington retira poco a poco su apoyo incondicional a este aliado poco agradecido, tanto más cuanto que el comienzo de la construcción del oleoducto sigue retrasándose. Varios responsables de la administración estadounidense viajan entonces a Georgia durante el año 2003 para reunirse con Chevarnadze. Según el diario inglés The Guardian, esas visitas oficiales buscan hacer entender al presidente georgiano que sus días a la cabeza del país están contados. El embajador estadounidense en Georgia, Richard Miles, declara al diario Washington Post que Estados Unidos quisiera «ver un gobierno más fuerte», crítica pública muy poco usual de parte de un aliado de mucho tiempo. El propio Richard Miles dedica también mucho tiempo a preparar al joven Mijail Saakashvili para el relevo [4]. Estados Unidos organiza la revolución espontánea Saakashvili, de 35 años, es graduado de la universidad de Columbia, en New York, donde estudió abogacía. Después de trabajar un tiempo en una empresa de New York, volvió a Georgia como protegido y rápidamente líder del antiguo partido de Eduard Chevarnadze, la Unión de Ciudadanos. Se convirtió más tarde en ministro de Justicia, en el 2000. Después de haber aprovechado esa posición para denunciar la corrupción de los políticos hasta en el marco de los consejos de ministros, se vio obligado a presentar su renuncia en 2002. Creó entonces su propio partido y se convirtió en uno de los líderes de la oposición. Saakashvili se convierte en realidad en el hombre de Washington, encargado de poner en marcha el derrocamiento de Chevanadze. La operación, según el modelo del derrocamiento de Slobodan Milosevic en Serbia, necesitará la manipulación de varias fuerzas. El punto de partida reside en la denuncia del resultado de las elecciones legislativas del 2 de noviembre de 2003, que da la victoria a las fuerzas políticas del presidente Chevarnadze y de Aslan Abchidze, aunque por poco margen de diferencia ante las formaciones opositoras de Mijail Saakashvili y Nina Burjanadze, entonces presidenta del parlamento. La protesta «espontánea» se basa en dos elementos: por un lado, la composición de los listados de electores, que se dice que fueron falsificados; por el otro, los sondeos a boca de urna, que arrojaron resultados diferentes a las cifras oficiales. El problema de estas acusaciones es que ambas provienen en realidad de la misma institución: el National Democratic Institute. Esta organización estadounidense, supuestamente no gubernamental, es en realidad una creación de la National Endowment for Democracy [5] y la dirige la ex-secretaria de Estado de Bill Clinton, Madeleine Albright. Esta fundación se encargó al mismo tiempo de la confección por medios informáticos de los listados de electores, cuyos numerosos errores dieron lugar después a la desconfianza popular y las sospechas de fraude, y de los sondeos a boca de urna, en los cuales los resultados de los partidos de oposición fueron ampliamente sobreestimados. Poco importa si hubo fraude o no, lo fundamental es la capacidad de los movimientos de oposición para explotar ese argumento y movilizar con él a la opinión pública conduciendo finalmente al derrocamiento del régimen y la renuncia del presidente georgiano, el 23 de noviembre de 2003. Hay que decir que había entre la multitud movimientos cuyo carácter no era precisamente espontáneo, como explicó Eduard Chevarnadze a la prensa rusa poco después de su salida del país. En primera fila de los responsables, el presidente derrocado cita al millonario George Soros [6], el ya citado Instituto Democrático estadounidense y el ex-secretario de Estado norteamericano James Baker. Según él, «es George Soros el que creó los grupos juveniles Kmara [¡Basta!] contra el poder. Escogían muchachos muy jóvenes, a los 15 años, y los formaban en dos meses [...] El American National Institute hizo lo mismo» [7]. Esos métodos recuerdan de manera evidente los que Estados Unidos aplicó en Serbia en el año 2000 y que llevaron al derrocamiento de Slobodan Milosevic. Según el ex-ministro georgiano de Seguridad, Igor Giorgadze, «Mijail Saakashvili recibió instrucciones detalladas que siguió al pie de la letra». En cuanto al movimiento juvenil Kmara que denunció Chevarnadze, es cierto que lo financia George Soros y que está concebido según el modelo del movimiento serbio Otpor, que desafió a Milosevic en Belgrado [8]. La primera llamada telefónica de la presidenta interina: «El oleoducto está OK» El derrocamiento del régimen de Chevarnadze anuncia una nueva era para Georgia, y sin dudas un cambio de bando. La presidenta interina del parlamento, Nina Burdjanadze, a quien corresponde, según la constitución, la presidencia interina, anunció desde el 23 de noviembre de 2003 que deseaba seguir «la orientación política justa» que había escogido el ex-presidente Eduard Chevarnadze, citando los «valores occidentales», la «asociación estratégica» con Estados Unidos y el mejoramiento de las relaciones con Rusia. En una entrevista concedida a la CNN, precisó que el objetivo de Georgia es «ser miembro de la familia europea, miembro de la alianza euroatlántica. Queremos mantener nuestra asociación estratégica con Estados Unidos que ha hecho mucho por nuestro país». Mejor aún, según The Guardian, «la primera llamada telefónica que hizo la presidenta interina después de asumir sus funciones [...] fue para BP [la firma petrolera anglo-holandesa]. Llamó para ?asegurarles que el oleoducto está OK?, indicó un importante funcionario georgiano». Este primer gesto revela crudamente los objetivos del golpe de estado, que se terminó el domingo 4 de enero de 2004 con la elección como presidente de la república de Mijail Saakashvili, el «favorito» de Washington. Perdedora en ese cambio al que no pudo oponerse, Rusia se verá obligada a reaccionar. Durante la crisis, Vladimir Putin envió a Georgia a su ministro de Relaciones Exteriores, Igor Ivanov, para dar una imagen de aval del Kremlin a una situación que debilita considerablemente su posición. Se percibe ya un regreso a las tensiones regionales. La importante presencia en el país de las fuerzas rusas que datan de la época soviética, que controlan allí tres enclaves secesionistas o autónomos (Osetia del Sur, Abjasia y Adjaria) y dos bases militares, permite presagiar una situación explosiva. El episodio es ante todo revelador de la continuación de los nuevos métodos de injerencia de Estados Unidos, inspirados en los del stay behind, aunque ampliamente modernizados, como demuestra el ejemplo serbio. Para que estos métodos funcionen es sin embargo necesario que tengan un verdadero apoyo popular. El fracaso de los pasados intentos de golpe de Estado en Venezuela constituye un cruel aviso para la CIA y pone en duda la doctrina de aquellos que, en Washington, piensan que pueden imponer su voluntad a los pueblos del mundo. Paul Labarique. Golpe de estado en Georgia | FreedomFighter Escrito por Usuario no registrado el 18/08/2008 12:53:30 Muchos de los procesos de democratización en Europa del Este y en la periferia de la extinta Unión Soviética, sobre todo en el Caúcaso y en Asia Central, no se han producido "desde abajo". Por el contrario, han sido el resultado de una continua injerencia estadounidense y en menor medida europea, hasta donde Occidente aprovechó la debacle de 1989-1991 para plantearse el reparto del antiguo mundo socialista. La intromisión norteamericana ha aprovechado los ajustes de cuenta locales entre mafiosos, si es que no ha contribuido a ellos, pero sobre todo la desorientación de una juventud desorientada, deseosa de "novedades", manipulable y en estado de desempleo latente. De hecho, la destrucción, que no la caída, del Muro de Berlín ya había tenido en 1989 algo de incontrolable vandalismo juvenil. En el año 2000, en Serbia, fue en parte el movimiento juvenil OTPOR, "Resistencia", el que contribuyó a la caída del asediado régimen de Slobodan Milosevic. OTPOR recibió financiamiento del ultramillonario estadounidense de origen húngaro George Soros, y era sabido que la ayuda para la oposición serbia provenía directamente de Occidente. Hoy, el gobierno serbio se ha alejado un tanto de Rusia, y como todos los de Europa del Este, apuesta al acercamiento con la Unión Europea, mientras ésta se ha estado preparando para reconocer una mayor "autonomía" para el protectorado estadounidense de Kosovo. En Georgia, la "revolución de las rosas" que llevó a la caída del ex ministro de Relaciones Exteriores soviético, Eduard Shevarnadze, y al entronizamiento posterior de un firme aliado de Estados Unidos, Mijaíl Saakachvili, contó con el protagonismo de la organización juvenil KMARA, "Basta", que recibió apoyos del Liberty Institute y que fue entrenada en Serbia, siguiendo el ejemplo de OTPOR, por el Center For Non-Violent Action, que ha seguido las "teorías" de Gene Sharp. La "revolución de las rosas" también fue patrocinada por el National Democratic Institute y por el sempiterno especulador George Soros, y Georgia de inmediato suplicó entrar en la Unión Europea, pero sobre todo en la ambigua Organización para el Tratado del Atlántico Norte. La misma Fundación Soros para una "Sociedad Abierta", junto con el NED (National Endowment for Democracy) y la Freedom House, han tratado de financiar a la oposición en Moldavia, donde gobierna un desorientado "comunista". En todo caso, en Georgia, una de las favoritas del secretario estadounidense de Defensa, Donald Rumsfeld, la estrategia estadounidense ha consistido en asegurarse el paso de petróleo azerí por el oleoducto de Tiflis, para sacar petróleo del Caspio sin pasar por Rusia. En las recientes elecciones en Azerbaidján, Estados Unidos ya tenía preparada la siguiente carta: el "regreso triunfal" de un opositor al régimen de los Aliev y refugiado en Estados Unidos, aunque Bakú hizo abortar la intentona. Azerbaidján, otro de los puntos de visita frecuente de Rumsfeld, produce bajo control transnacional el petróleo que debería llegar al Mediterráneo vía Turquía, sin pasar por el territorio de la Federación Rusa. En Ucrania, las elecciones de hace algunos meses, que desembocaron en la "revolución naranja", también contaron con un movimiento juvenil, PORA, "Ahora", financiado como los demás desde el exterior. La oposición ucraniana, desde antes de hacerse del gobierno, recibió apoyo del NED, la Fundación Soros, la USAID e incluso círculos cercanos al vicepresidente estadounidense, Richard Cheney. Sobre el ejemplo de OTPOR se han intentado crear movimientos juveniles similares, manipulados desde el exterior, en Belarús, con ZUBR, y en la mismísima Rusia, con OBORONA. En Asia Central, en Kirguistán, el ahora refugiado en Rusia ex presidente Akaiev cayó por la "revolución de los tulipanes", y en ello jugó un papel determinante la Freedom House. Contra los intereses de Estados Unidos, Akaiev buscaba acercarse a Rusia, China e India. En la cercana Uzbekistán, hoy sujeta a la presión estadounidense y europea, los disturbios de Andiján fueron atribuidos a la "oposición democrática", pero pronto se descubrió que los opositores, islamistas, fueron en parte instigados por el embajador estadounidense en esa república ex soviética. Probablemente no haya, en todos éstos casos, palabra peor usada que la de "revolución", que sin duda permite que los jóvenes piensen que están construyendo, cuando probablemente estén destruyendo la herencia del pasado con la intromisión de fuerzas externas, entre las que deben contarse las de los "observadores internacionales" cada vez que hay elecciones, y que en algunos casos actúan de manera sesgada, como ha sucedido con algunos de la OSCE. Como sea, desde los Balcanes hasta el Asia Central, el espacio ex socialista se ha convertido en apetitoso botín, y nada entusiasmaría tanto a los injerencistas como lograr, en las elecciones del 2008, algo similar en Rusia: la "revolución de los abedules", otro modo de desestabilizar a Moscú en nombre de una democracia impuesta del modo más vertical. La Revolución de las Rosas | FreedomFighter Escrito por Usuario no registrado el 19/08/2008 08:06:40 "Revolución de Terciopelo" en Moscú La CIA y las ONG están preparando la caída de Putin en Rusia La ola de "revueltas populares" (también llamadas "revoluciones de terciopelo") que se extienden por el Asia Central han culminado con gobiernos pro-occidentales y pro-Washington (Georgia, Ucrania y Kirguistán) en desmedro de las fronteras de Rusia y China, cuyas áreas de influencia se ven constantemente sometidas a un proceso de desestabilización y caos planificado producido por la CIA y sus redes financieras secretas. Ahora -y tal cual se desprende de los informes de inteligencia del servicio secreto ruso- esas operaciones de caos planificado apuntan al mismo corazón de Rusia, donde la CIA ya está organizando la desestabilización y la caída de Putin. En la segunda semana de mayo pasado, en una exposición ante el Parlamento, el director del Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB), Nikolai Patrushev, aseguró que la inteligencia rusa había frustrado intentos deEstados Unidos, Gran Bretaña, Arabia Saudita y Kuwait de realizar actividades de espionaje mediante organizaciones no gubernamentales (ONG). Luego de la caída de la Unión Soviética la inteligencia rusa (antes canalizada por medio de la KGB) se dividió en dos sectores: uno interior, el FSB (Federal?naya Sluzhba Bezopasnosti o Servicio Federal de Seguridad) y otro externo, el SVR (Sluzhba Vneshney Razvedki o Servicio de Inteligencia Exterior). El jefe del FSB señaló en su informe ante los legisladores -sin precisar detalles- que "otros gobiernos están usando a las ONG" para influir en la actividad económica y política rusa en interés propio y apoyar cambios de gobierno en ex repúblicas soviéticas. En sintonía con el servicio secreto algunos dirigentes rusos dijeron en medios locales que las revueltas opositoras están motorizadas por Occidente, más precisamente por Washington y la Unión Europea. También hay que destacar el choque de intereses geopolíticos entre Rusia yEstados Unidos en Asia Central, donde ambas potencias poseen importantes y estratégicas bases militares. El marco de disputa de Estados Unidos y Rusia por áreas de influencia en los ex enclaves soviéticos vincula las recientes revueltas en Kirguizistán y Uzbekistán con los últimos cambios políticos en Georgia, Ucrania y Moldavia. La guerra por el control del petróleo en la región, los intereses que subyacen detrás de las redes de la droga y el tráfico de armas infiltradas por la CIA y los servicios secretos rusos, así como las disputas estratégicas entre Rusia y Estados Unidos por áreas de influencia, son factores esenciales que cuentan en las "revueltas populares" que hasta ahora -salvo Uzbekistán- han terminado con gobiernos pro-Washington en la región. En su exposición ante el parlamento Patrushev afirmó que el servicio secreto ruso dispone de los datos que confirman que algunas organizaciones extranjeras no gubernamentales están preparando nuevas "revoluciones de terciopelo" en el espacio postsoviético. Entre las organizaciones no gubernamentales a las que utilizan los servicios secretos "extranjeros" mencionó el Cuerpo de Paz de EE UU, la Medialuna Roja saudí y algunas organizaciones de Kuwait. "En Occidente determinadas fuerzas, agarrándose a los estereotipos de la "guerra fría", están promoviendo la política de estándares dobles respecto a Rusia en el intento de debilitar sus posiciones en el espacio de la antigua URSS", afirmó Patrushev y agregó que lo confirman los sucesos en Ucrania, Georgia y en otros países. En opinión de expertos occidentales y rusos las llamadas "revoluciones de terciopelo" de Georgia, Kirguistán y Ucrania no fueron tales sino movimientos golpistas "democráticos" orientados a sustituir gobiernos fieles a Moscú por otros que respondieran a los intereses de Washington. Con políticos que responden incondicionalmente a las directrices de la Casa Blanca, como es el caso de Viktor Yushchenco en Ucrania, cuya campaña fue organizada y financiada por el Departamento de Estado, a través de su esposa, quien fuera secretaria de George Bush padre. Las protestas y los movimientos de caos planificado y desestabilización callejeros (Georgia, Ucrania y Kirguistán) fueron organizados por ONGs financiadas y dirigidas por Washington utilizando las redes económicas de la CIA canalizadas a través de la USAID, según informes de la inteligencia rusa expuestos en el Parlamento moscovita. Todas las "revoluciones de terciopelo" en aquella región sirvieron a los intereses financieros globales de Washington ?representados por la Open Society de George Soros y la Fundación Nacional para la Democracia (NED) cuyos fondos provienen de la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID)- para fracturar y desmembrar las fronteras nacionales de sus más importantes rivales geoestratégicos: China, Rusia e India. La llamada Sociedad Civil financiada por Soros intervino en la desestabilización y el caos planificado de Yugoslavia, Georgia y Ucrania. Importantes analistas sostienen que ?Soros maneja los flujos financieros hacia estas organizaciones en el Cáucaso y en el Asia Central.? Parte de las ex repúblicas comunistas de Europa del Este que conformaron la Unión Soviética -y el Pacto de Varsovia-, ahora son miembros de la OTAN., la fuerza militar liderada por Estados Unidos que nació para combatir la expansión militar del ex Imperio Soviético del que formaban parte estos flamantes miembros de la alianza atlántica. Desde el fin de la Guerra Fría, la estructura militar controlada por Estados Unidos primero, incorporó a Polonia, Hungría y la República Checa, y ahora se extiende a Rumania y Bulgaria. Además, con las tres repúblicas bálticas de Lituania, Letonia y Estonia, llega casi hasta Finlandia. Con la ampliación de la OTAN con "socios confiables" de las ex repúblicas soviéticas de Europa del Este,Estados Unidos consiguió la consolidación de su poder geopolítico y militar estratégico en la región, en desmedro de Rusia, y China que ven afectadas y desestabilizadas sus fronteras y áreas de influencia. El caos y la desestabilización planificada con las "revoluciones de terciopelo" en el Asia Central forman parte del mismo proyecto estratégico, cuyo objetivo central apunta a desestabilizar las fronteras y áreas de influencia de Rusia con el propósito del control militar y geopolítico sobre las ex repúblicas soviéticas. En su informe de mayo pasado el jefe del servicio secreto ruso señaló que detrás de las revueltas en Georgia en noviembre de 2003; en Ucrania, en diciembre del pasado año, y más recientemente en Kirguistán, se ha podido comprobar la participación de esas agrupaciones, que financian a movimientos opositores. "Los servicios secretos extranjeros apuestan en su actividad por los métodos no tradicionales, promocionan sus intereses mediante los programas educativos de distintas organizaciones no gubernamentales y recogen información en el espacio de la CEI", manifestó el director de FSB, Nikolai Patrushev, durante la comparecencia ante la cámara baja del parlamento. Añadió que según los datos que obran en el poder de la inteligencia rusa cierta organización occidental destinó 5 millones de dólares a los fines de preparar la "revolución de terciopelo" en Bielorrusia. "Es posible que los opositores "naranja" que protagonizaron la revolución en Ucrania participen en el adiestramiento de los integrantes de la oposición bielorrusa", dijo Patruchev. Según el politólogo estadounidense Gene Sharp, Estados Unidos elaboró desde el final de la guerra fría una nueva doctrina de golpes de Estado mediante la utilización de técnicas no violentas, tomando como modelo a las luchas políticas desarrolladas en la India por el Mahatma Gandhi. Estas metodologías, aplicadas desde hace un poco más de diez años, sustituyeron a los golpes militares tradicionales que también cumplían el objetivo de instalar gobiernos pro-Washington, pero por métodos violentos. Según los expertos, tanto en el caso de las "revoluciones naranja" en el Asia central, como en el de los "golpes populares" en Latinoamérica (caso Ecuador), las organizaciones no gubernamentales, escudadas en su carácter benéfico, internacionalista y civil, cumplen el papel de "caballos de troya" en los países que permanecen en la mira de Washington, y cuyos gobiernos no son totalmente permeables a sus estrategias. La United States Agency for International Developpment (USAID) una agencia gubernamental estadounidense, dependiente del Departamento de Estado y financiada con fondos públicos, es la estructura principal de la que se vale Washington y las empresas multinacionales para distribuir fondos orientados a financiar organizaciones no gubernamentales desde las cuales se implementan operaciones encubiertas de la CIA. ''Junto con las formas clásicas de influencia en los procesos políticos y económicos, las agencias de inteligencia extranjeras están usando métodos no tradicionales con más frecuencia'', incluyendo trabajar a través de ''diversas organizaciones no gubernamentales'', señaló Patrushev en el Parlamento ruso. ''Bajo el argumento de que están implementando programas educativos y de ayuda humanitaria en regiones rusas, cabildean en favor de los intereses de los estados en cuestión y recaban información secreta sobre una amplia gama de asuntos'', agregó. Patrushev dijo que su agencia, la FSB, principal sucesora de la KGB soviética, "ha evitado una serie de operaciones de espionaje efectuadas a través de organizaciones no gubernamentales". Patrushev manifestó que a iniciativa de FSB, el Ministerio de Justicia y las instituciones judiciales ya reconocieron el carácter terrorista de 15 organizaciones. Indicó que en Rusia hay organizaciones de los que proviene la amenaza terrorista y los que "representan interés para el FSB". Muchos expertos -entre ellos James Petras- ya han denunciado las operatorias encubiertas de la CIA a través de las organizaciones no gubernamentales. Montadas en campañas de "apoyo a la democracia", a los movimientos de derechos humanos, a la lucha contra la corrupción, o en apoyo de políticas de "ayuda" a la agricultura, el comercio, etc, las ONG (controladas financieramente por Washington a través de la USAID) se infiltran en las organizaciones sociales, los movimientos universitarios, o las asociaciones de profesionales, desde donde impulsan sus actividades desestabilizadoras escudadas en el "bien público". El derrocamiento de Lucio Gutiérrez en Ecuador, por ejemplo, fue iniciado con una campaña de denuncias contra la corrupción del gobierno iniciada por la organización Transparencia Internacional. A ese combate contra la corrupción se sumaron organizaciones sociales, estudiantiles, universitarias, etc, que terminaron formando el movimiento de clase media bautizado como los "Forajidos" que terminó derrocando al gobierno de Lucio Gutiérrez. Similares ejemplos, cambiando los países y el contexto geopolítico, se pueden aplicar en Georgia y en Ucrania, donde los gobiernos pro-rusos fueron derrocados de la misma manera: con movilizaciones sociales impulsados desde organizaciones manipuladas y financiadas desde las ONG. Presentada como un movimiento espontáneo y no violento, la sublevación que obligó a Eduard Chevarnadze a renunciar a la presidencia de Georgia fue en realidad fruto de una paciente manipulación golpista urdida desde las ONG por funcionarios de la CIA y del departamento de Estado.. La "revuelta popular", además fue hábilmente desencadenada por el Instituto Democrático de Madeleine Albright y estructurada por asociaciones juveniles que financia George Soros, lo que permitió a Washington colocar a sus hombres en el gobierno de Georgia. En cuanto a la llamada "revolución naranja" en Ucrania, una de las ONG más activas en el país, el International Center for Policy Studies, es financiado por el gobierno estadounidense mediante la Poland-America-Ukraine Cooperation Initiative (PAUCI), organismo subvencionado por la USAID y administrado por la Freedom House ]. El actual presidente emergente de la "revuelta popular", Viktor Yushchenco, es miembro del consejo administrativo de esta organización fundada por el Open Society Institute. Un parlamentario norteamericano, Ron E. Paul, denunció que una sociedad estadounidense de relaciones públicas, Development Associates Inc. que recibió 100 millones de dólares del gobierno norteamericano, esencialmente para garantizar la cobertura de la "revolución naranja" en Ucrania. Según la inteligencia rusa, en el Departamento de Estado Norteamericano, la "operación Ucrania" fue manejada por el segundo de Powell, Richard Armitage, que se postuló sin suerte para conducir la CIA después de la renuncia de George Tenet. Un equipo de expertos del Departamento de Estado organizó y consiguió financiación para la campaña electoral de Viktor Yushchenco, un economista y especialista en finanzas, que presidió el Banco Nacional desde 1993 hasta 1999 y fue galardonado por la prensa especializada como uno de los "diez mejores banqueros del mundo". Washington presionó para convertirlo en primer ministro durante el segundo mandato de Kuchma, entre 1999 y 2001, y Yushchenco se casó con una ciudadana estadounidense, Katerina Chumachenko, para demostrar a que niveles llegaba su devoción a la Casa Blanca. La esposa norteamericana del candidato "opositor" fue la secretaria del poderoso secretario del Tesoro norteamericano, George P. Schult, y se desempeñó luego como funcionaria jerárquica de Relaciones Públicas en la administración de George Bush padre. El dato es interesante para ver como "cerraba" el candidato "opositor" Yushchenco en el mundo de Washington y de los halcones liderados desde las sombras por el padre de George W Bush, que durante 30 años tuvo injerencia o participó de la mayoría de las operaciones de inteligencia de Estados Unidos por todo el planeta. La CIA, por su parte, ha operado y financiado a las ONG que apoyaron a Yushchenco (uno de cuyos puntales fue la Fundación Soros) utilizando la misma metodología que aplicaron en el resto de las ex repúblicas soviéticas cooptadas para los intereses de Washington en la región. A la luz de estas experiencias, el contundente informe del FSB ruso (sucesor de la KGB y herramienta clave en el sistema de poder de Putin) revela que Rusia ha decidido salirle al cruce a la CIA y a su estrategia desestabilizadora y golpistas en los ex enclaves soviéticos que permanecen bajo influencia de Moscú. En ese contexto, la estrategia de denunciar las operaciones desestabilizadoras de la CIA dentro de Rusia, utilizando de cobertura a las ONG, parece orientada a neutralizar lo que para muchos funcionarios y expertos rusos puede llegar a convertirse en un "golpe popular" contra el gobierno de Putin. En su exposición el director de FSB, informó que en un futuro próximo la Duma de Estado iniciará el trámite de proyecto de ley que reglamenta la actividad en Rusia de las organizaciones extranjeras no gubernamentales y los procedimientos de registro de las mismas. Sintomáticamente el informe de Nikolai Patrushev se produjo a sólo dos días después de que el presidente estadounidense George W. Bush visitara Georgia, donde hace 18 meses se desarrollara la "Revolución de las Rosas", el principio de una ola de alzamientos contra gobiernos pro-Moscú en las ex repúblicas soviéticas http://www.iarnoticias.com/secciones...a_06jun05.html | Dionicio Escrito por Usuario no registrado el 20/08/2008 00:18:39 punto al comentario , pero hay algo que Estados Unidos teme una guerra en su territorio y con gente en el tablero eso cambiaria la opinion publica con relacion a sus lideres genocidas, una alianza con los paises contrarios a Washington en la region los haria pensar en sus maldades | seleuco Escrito por Usuario no registrado el 24/08/2008 12:16:36 hola a todos: Excelente artículo y también buenas aportaciones de los comentarios. Claramente se ve que estamos inmersos en una lucha de poderes, .. donde a nosotros no nos beneficia nadie. ¿qué postura podemos adoptar ante estos hechos? Quizás, el ser crítico es un primer paso. Un saludo cordial. | FF Escrito por Usuario no registrado el 25/08/2008 16:47:32 Schroëder pasó de canciller a directivo de Gazprom de la mano de Putin: Gazprom | XL Escrito por Usuario no registrado el 26/08/2008 22:28:31 El embajador de los USA en Moscú dice que la respuesta de Rusia en Osetia fue legítima. Debkafile |
AVISO A NUESTROS USUARIOS: Los comentarios han sido cerrados temporalmente y podrán estar activos pasados minutos. Solo los administradores de Paz Digital pueden escribir comentarios en este instante. Si desea comunicarse con nosotros, hágalo desde el Contactar (menú izquierda, arriba). Paz Digital
Powered by AkoComment 2.0! |