Ramoncín y el IVA. Por Doutdes

"Debates de altura"

 

Discrepo de la mayoría de las opiniones que se están vertiendo sobre la intención de reducir el IVA en el precio de libros y discos. Creo que, conceptualmente, la rebaja es una buena medida, ampliable a otros soportes que incorporan bien cultural, aunque no todo sea cultura en ellos. Pero de eso no es de lo que quería hablar.

Yo quiero hablar de Ramoncín. Porque discrepo de la valoración que del Rey del Pollo Frito se ha hecho en un foro, pues me parece un linchamiento mediático. A mi aquello del "Marica de terciopelo" y el "Soy un chaval" me hacía gracia y los "Litros de alcohol", que corrían por sus venas, era el nuevo himno generacional, que servía de rúbrica a las borracheras juveniles y marcaba la distancia con el obsoleto "Asturias patria querida", epígono de las tajadas que se cogían sus mayores.

Comprendo que Ramoncín, perdón Ramón, presumiera por entonces de su vallecanismo, eso del Valle del Kas y el presumir de obrerismo macarra estaba muy de moda, pero sus compañeros de infancia del barrio de la zona de Delicias, barrio más bien burgués aunque modesto, no pueden perdonarle la renuncia a sus orígenes. Además, siempre fue un diestro rival al futbolín, menos de lo que el creía, pero ante el Rey alguna vez había que perder, no fuera que dejara de pagar las cervezas.

Tengo que agradecerle, además, su valentía artística cuando se puso serio en su intento de pasar de lo punk a lo melódico. Comencé entonces a apreciar las apariciones de Rocío Jurado en el Aplauso de Uribarri y Fradejas, en donde se repasaba la música popular patria, sentando las bases futuras para el enjendro OT. Porque la Jurado, aunque un tanto chillona, al menos cantaba y mostrada arrebatadores sentimientos, parecidos a los que escupía de forma hortera el Rey del Pollo Frito, ahora vestido de terciopelo, aunque creo que entrado definitivamente en el armario.

Pero lo mejor estaba por llegar y llegó. El monarca de la gastronomía basura se tornó en académico de la lengua basura, siempre la monarquía ha tenido debilidad por la cultura, o eso dicen. Llegó incluso a entablar debates filológicos con el premio nóbel, o nobel que nunca he sabido como se dice, con el que llegó a hacer muy buenas migas, quizás por su afinidad en la renuncia a reconocer su lugar de nacimiento, pues Cela sentía más aristocrático lo de Iria Flavia que lo de Villanueva de Arosa, y en su gusto por lo soez, uno rama cutre y el otro rama guarra, uno orinando sobre el publico, el otro mostrando sus grasosas nalgas en sus impúdicas lavativas. Pero Cela, aunque un tanto irregular, al menos escribía bien y vendía muchos libros, y nuestro querido chaval, ya operado de la nariz, no vendía ni discos.

Se tuvo que pasar entonces a los debates de altura en donde dejó una impronta inolvidable. Sus opiniones en las Crónicas Marranas sentaban cátedra y sólo la incomprensión de una audiencia muy poco intelectual le dejó en fuera de juego, para beneficio de los nuevos líderes de masas. Ahora no sé por donde anda, quizás la idea de lo del IVA ha sido suya, un mérito más en su carrera impoluta, pero lo que es seguro es que estará buscando púlpito, ya que los suyos han llegado al poder, para seguir impartiendo su necesario magisterio.

En fin, es una pena que no se puedan de momento llevar a efecto las buenas intenciones de nuestra ministra de cultura para reducir el IVA en los discos y libros, estos europeos no entienden de cultura. Y ahora yo, que pretendía comprarme las obras completas del Rey del Pollo Frito, me quedo con un palmo de narices, porque no sé si me van a llegar los ahorrillos.


Paz Digital, 30-04-2004. Recuperado.

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